miércoles, junio 30, 2010

Ya he acabado de ver la película Hermano sol, hermana luna


Hoy durante la comida he acabado de ver Hermano sol, hermana luna. La película es tan mala, que si en mi juventud hubiera podido existir el más pequeño atisbo de hacerme franciscano, esta película se hubiera encargado a buen seguro de encaminarme hacia cualquier cosa antes que militar en las filas del personaje que deambula por los 121 inacabables minutos de la cinta.
Era joven e idealista cuando la vi, pero incluso entonces hubiera preferido hacerme canónigo o archivista o defensor del vínculo, que uno de los franciscanos que aparecen por ahí.

Pero he resistido hasta el final, porque ahora, veinte años después, me doy cuenta de que el director, Zefirelli, en realidad lo que cuenta no es la historia de San Francisco, sino la versión simplista de los ideales del post-concilio. El grupito de pseudofranciscanos que pulula por el guión, en realidad, nos explica cómo debía ser la Iglesia ideal, ésa que iba a emerger en la década de los 70. Esa visión utópica-rupturista acabó en un estado tan ruinoso como las ruinas de San Damiano antes de su reconstrucción.

Ya se ve que en esa época Zefirelli no había asimilado ni las lecciones más elementales de un predecesor suyo como Otto Preminger en El Cardenal o Historia de una monja. Y es que hasta para plasmar la sencillez, se necesita un poco de picardía y de gracia, sino duermes hasta a las ovejas. Elia Kazan sí que hubiera hecho de todo esto una gran historia. José Luís Garci lo hizo muy bien en Canción de cuna, que le gustó hasta a Umbral. Lo cual casi es un milagro.

Hitchcock no hubiera podido rodar esta historia, sin incluir dos o tres asesinatos. Florecillas sangrientas, le pega. Orson Welles hubiera sido el ideal. Hubiera hecho una película tan buena que hubiéramos tenido que verla en un reclinatorio.

Bien, concluyendo. Es muy triste ser un gran santo, haber tenido una vida que es una historia apasionante, y que después te caiga encima un director joven aprendiendo el oficio. Eso es muy triste. Y después está el tema de las palomas que se te posan en la cabeza y hacen cosas execrables.

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