domingo, julio 25, 2010

Cinco segundos

La foto nada tiene que ver con el post (cosa tristemente habitual en este blog), sino que es de mi último viaje a Portugal, en un monasterio.

No diré los motivos de este post, pero son mucho más jugosos de lo que podrán aparentar las líneas que van a seguir. Uno lleva ya muchos años en el mundo clerical. Cada año saludo a centenares de sacerdotes, amén de obispos, abades, priores y una galaxia de monjas.

Pues bien, los saludos iniciales suelen durar apenas unos cinco segundos. Pero es interesante, resulta muy curioso, que en esos cinco segundos uno ya percibe a la perfección cómo te recibe la otra persona.

Recuerdo que hace años visité cierta ciudad de España, llamé por teléfono a cierto sacerdote para quedar y dar un paseo. Era un compañero de mi edad al que conocía desde que era seminarista. En su saludo había calidez, acogida, sonrisas. Un gran abrazo nos unió después de tantos años de separación.

Curiosamente, por casualidad, me encontré con ese compañero en el año presente. No nos habíamos visto ni hablado en otros siete años tras el primer encuentro. Y desde el primer segundo, desde el primerísimo segundo, su rostro lo que me mostró fue frialdad. En vano busqué alguna sonrisa en su cara al verme. No se molestó en ser amable. Iluso de mí fui a darle un abrazo, y lo que me encontré fue un claro gesto de incomodidad. Su espíritu estaba oculto bajo su corporalidad, pero era evidente que docenas de juicios negativos hacia mí habían germinado dentro.

Por supuesto no se quedó a hablar conmigo más allá de un qué haces aquí. Después se marchó, tendría algo que hacer. Me dio mucha pena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario