martes, julio 06, 2010

He tomado atenta nota de sus informaciones III


Cuando leí la carta que le dirige Monseñor Agrelo a Masía Esejota, me sentí como el malo de la película, como un vil inquisidor que ha turbado la plácida tranquilidad de las bien ganadas canas de un profesor de universidad.

Pero después, al llegar al final de la carta de Monseñor Agrelo, en vez de sentirme como un infame opresor de las ideas, me di cuenta de que no había hecho yo otra cosa que seguir, sin percatarme de ello, el más puro espíritu franciscano.

Tras leer la carta, lo único que puedo decir es que si algún día caigo en la herejía, espero que mi juez sea monseñor Agrelo. Pero mientras ese día llega, mucho me temo que con Masiá tendré que usar un espíritu no franciscano, sino estrictamente jesuítico.

Y entre otras cosas porque estoy seguro de que a Masiá le van este tipo de combates de sumo. Que nos choquemos con nuestras panzas, que nos hagamos llaves. Que uno al otro le retuerza el pie, mientras el otro boca abajo golpea el suelo con el puño presa de un supuesto dolor. En este caso, dolor teológico.

Pero quiero dejar constancia de que si todo este tema se tratara sólo de tener buen rollito, no dejaría que me ganaría nadie. Mi capacidad para el buen rollito puede llegar a ser de dimensiones astronómicas. Pero, claro, la cuestión es si existe algún tipo de ortodoxia. Si seguimos una idea genérica, un espíritu, o hay algo más.

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