lunes, julio 12, 2010

Holanda 0 - España 1


Nunca he visto un partido de futbol en mi vida. Hoy, por primera vez, pensé que quizá podría ser una buena idea sentarme en el sillón y ver, de principio a fin, esa batalla pacífica entre seres humanos.

Quizá si me concentro le encontraré el gusto, me dije a mí mismo.

Llegué tarde, con el asunto ya empezado, pero no importó. No importó, porque no disfrutaba. Cada vez que hacía zapping, sentía más interés por cualquier canal, que por esa lucha mundial.

Al final, yo creo que vi unos diez minutos, y el futbol me pudo. Tuve que cambiar de canal. Me quedé viendo un reportaje que había grabado sobre una central térmica que construía una empresa canadiense en Argelia.

Que conste que el futbol me parece un deporte muy sano: la gente se divierte, no se hace daño a nadie, ningún toro muere, se ve con los amigos, entusiasma, enardece, sí, disfrutan. Y eso me parece muy bien. Creo que el futbol es una de las mejores formas de divertirse. Sólo que no es para mí.
Os aseguro que me daba lo mismo quien ganara. Pobrecitos holandeses, ¿por qué no iba a querer que sintieran la alegría de la victoria? También los jugadores tenían sus madres, sus padres, sus abuelas. Cuando pensé que es un país mayoritariamente protestante, por un momento valoré si no sería mejor desear que ganaran los españoles. Pero no creo que la vida moral de los jugadores merezca el privilegio de que la balanza de mi voluntad se incline por ellos.

Y estaba yo respondiendo e-mails o algo así, cuando miles de gargantas gritaron GOOOL, sacándome de mi concentración. Recuerdo que entonces pensé: eso debe significar que España ha metido un gol, porque no creo que gritaran así si el gol hubiera sido de los holandeses.

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