viernes, julio 30, 2010

La almohada y el i-pad


La almohada no ha arrojado luz alguna en mi dilema acerca de las bondades del e-book frente al i-pad. Al revés, tres amistades me han llamado o escrito para vaticinarme todo tipo de males si me decantaba por uno frente al otro. Curiosamente tres eran las brujas que auguraron todo tipo de males a Macbeth antes de que él se decantara hacia dónde encauzar su vida en la política profesional.

Todo este asunto me ha recordado la historia de los siete ordenadores que he poseído en mi vida. Toda mi vida como escritor ha pasado por los cauces de esos siete ordenadores. Los cuales, como cauces fluviales, han encauzado el torrente de mis palabras.

Ni uno sólo de esos ordenadores fue desechado sólo por el placer de comprarme otro mejor. Pero el tiempo no pasa en balde. Y el que tenía hasta ahora, tiene tan poca potencia que no me admite ni el Word 2007. Eso, unido a otros problemas, me ha hecho plantearme la posibilidad de que un octavo ordenador entre en mi existencia.
La verdad que el que usaba, ya se ha merecido una buena jubilación tras unos diez años de trabajo diario, duro y sin quejas. No se me ha puesto malito ni una vez. Ni un virus pequeñito le ha entrado en estos años. Pero la vejez no perdona.
Huy, no me había dado cuenta. Pero si es de los que tienen todavía disquetera. Si ya no me acordaba ni de los disquetes. Qué tiempos aquellos. Entonces, cuando uno se conectaba a Internet, antes había un modem que hacía como unos graznidos. Y después iba cargándose la pantalla línea a línea.

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