jueves, julio 15, 2010

La conjura de los necios


El momento en que el astronauta de 2001, la odisea del Espacio va desconectando a HAL 9000, es sin duda uno de los grandes momentos del cine.

No sólo el momento de la desconexión, sino el modo en que se desarrolla la duda acerca del malfuncionamiento de la computadora, el contraataque silencioso frío de HAL, el diálogo previo a la desconexión, el modo en que los archivos del programa y de la memoria son desconectados, la agonía final de la consciencia de HAL, constituye todo ello uno de los momentos más inolvidables del cine, una verdadera danza de movimientos y sonidos.

Resulta colosal, grandioso, irrepetible, la forma en que luchan por su pervivencia el ser humano y la voz gélida de ese ser sin rostro.

¿Qué decir de la escena en Blade Runner en que se encuentra el replicante con Tyrell? La conversación, la misma imagen de ese encuentro, todo es supremo. Como la misma escena final en la que desemboca toda la película como si de una gran ópera se tratara. Escena de un amanecer en el que el replicante concluye que todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Do de pecho que se dice a media voz y con el protagonista mirando al suelo.

¿Qué tiene que ver todo esto con los puñetazos a los que nos tiene habituado el cine actual? Sencillamente nada. Puñetazos, patadas kung fu en el aire, rayos, superayos, megarrayos, una gran explosión al final. A veces es una explosión, a veces es una explosión formada por cien explosiones. Normalmente no suele ser mayor la diferencia.

Estas películas nos recuerdan a todos la diferencia entre el esplendor de un trabajo perfecto y la mediocridad vulgar. Curiosamente, y esto es una gran lección, estas dos películas fueron despellejadas por la crítica cuando fueron estrenadas. Es como si fuera imposible que los energúmenos, por una vez, por una sola vez, se dieran cuenta de que tienen delante un clásico irrepetible. Pero parece imposible. Los energúmenos no perdonan.

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