jueves, julio 01, 2010

No hay nada como un sepulcro sencillito a la hora de la muerte, en un lugar discreto

Podría hoy hablar de que esta noche no he soñado nada. Pero la Humanidad seguirá su curso con independencia de si mis oscuras horas fueron pobladas o no de vaporosas imágenes nocturnas.

Podría hablar de la huelga de esos salvajes aurigas de los trenes subterráneos que han secuestrado a Madrid durante dos días. Pero no, muy manido.

Podría hablar de que hoy he acabado casi por completo de ver El Padrino II parte. Magnífica conjunción entre el pasado y el presente en esa larga película. Esos flashbacks en casi todas las películas suelen ser un adosado sin mucho sentido. En esta película, cada flashback tiene su sentido. Nada sobra en ella. ¿Por qué soy el único que considera la tercera parte como la mejor de la trilogía?

Podría hablar de que he comenzado a leer cierta obra de Nabokov, cuyo título piadosamente callaré. La piedad y la prudencia, dos grandes virtudes. Ya tenía ganas de sumergirme en la gran literatura.

Podría hablar de que esta mañana he alcanzado una nueva meta en mi vida: los 87 kilos. Arguiñano tiene la culpa. Pero expulsaré a esos intrusos durante este verano. Esos kilos no tienen ningún derecho a estar junto a mí, y menos a acompañarme a todas partes.

Podría hablar de aquello en lo que he trabajado todo el día. Pero del trabajo es de lo que menos me gusta hablar. Mis obras escritas hablan por mí. Y sea dicho de paso, lo hacen en varios idiomas. Dios mediante publicaré dos obras más en polaco con dos editoriales. Y mis dos primeras en portugués, con otras dos editoriales en Portugal y Brasil, este verano. Perdonad este último detalle de aparente vanidad: no es vanidad. Si no cuento alguna cosa así, parece que me paso todo el día viendo cine, leyendo novelas, paseando y cocinando paellas.

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