martes, julio 27, 2010

Opino como Jorge Luis Borges sobre un tema acerca del cual no me veo con fuerzas para hablar abiertamente


En realidad, ayer cuando hablaba de África no era sólo del Continente Negro de quien quería hablar. Ni siquiera de América. Sí, cuando hablaba de los pipilurcios y los reralarcios, desgraciadamente no me refería a ejemplos hipotéticos y lejanos en el tiempo. No quiero ser más específico, no sea que el abad de Monserrat se indisponga conmigo.

Es triste que tenga que hablar de África para no decir con claridad lo que tendría que decir de las diferencias entre pipilurcios y reralercios. Pero, entre nosotros, los pipilurcios tienen mucho poder por estos lares, y los reralercios cuando se ponen pesados contra los pipilurcios tampoco hay quien les gane en extremismo. Y después está el tema de lo políticamente correcto. Y ya sabemos que lo políticamente correcto es intocable.

Yo sigo pensando que la unidad es un bien moral. Es decir, que no da lo mismo todo. Si algo nos ha enseñado la Historia, la Historia con mayúscula, es que las pequeñas historietas de reralercios y broncolurcios y rentaulánicos son risibles si se toman como la razón de la propia vida.

Todo este asunto me parece tan poco serio como un millón de personas quisieran ir a la guerra para defender que aquí se hace la paella así, y allá la hacen de otra manera. O que aquí nos calamos la boina así, y allá un poco más inclinada. Repito una cosa políticamente incorrecta que ya dije en otro post: nunca he conocido a ningún espíritu verdaderamente inteligente cuya vida girara alrededor de estas minucias infantiles.

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