lunes, agosto 09, 2010

La Justicia Internacional II


El sistema que propuse ayer alguien podrá pensar que proviene de alguien que desconoce el sistema actual del Derecho Internacional o que no está muy puesto en el campo de las órganos dependientes de Naciones Unidas. Muy por el contrario, la propuesta que hice se basa en el conocimiento del sistema actual y en el realismo.

Algunos pueden pensar que no existe lugar en Derecho para un organismo como el que planteé ayer. Se sorprenderán muchos, pero la Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos, no es un organismo federal, no depende del gobierno, ni del Congreso, es un sistema independiente. Ni siquiera recibe fondos del presupuesto federal, ni depende de ninguna agencia gubernamental. Y ese sistema ha funcionado tan bien, que nadie ha querido tocarlo desde su fundación en 1913.

Lo que se me ocurrió respecto a mi Consejo de Justicia Internacional, llamémoslo así, al que llamaré en este post Consejo Atlántico, es que necesitaría unos fundadores altruistas para comenzar. Y después precisaría que esos patrocinadores le dieran autoridad con el poder de su capacidad económica. Capacidad para boicotear económicamente al pequeño país que cree que puede seguir practicando liberalismo puro y duro, o genocidio impune.

Este Consejo Atlántico de Justicia sería la gran acción altruista de Occidente. Significaría que hacer el mal ya no saldría gratis. Existiría una voz que podría clamar por los más desfavorecidos en materia de Justicia. Desgraciadamente, este organismo no tendría competencias en materia de pobreza, para eso ya está la ONU.

La creación del Consejo Atlántico supondría que desvincularíamos la Justicia de los políticos de Occidente, en una cierta medida. Por supuesto que después los presidentes de las naciones tendrían que apoyar las medidas impuestas por el CA. Pero habríamos dado un gran paso. La voz de la conciencia ya no sería la prensa, ni los políticos, habríamos creado un organismo que clamaría (al Pueblo y a los políticos) e impondría medidas: medidas realistas.

Al principio, actuaría contra paraísos fiscales y similares. Pero con el pasar de los años, al cabo de un par de decenios, tendría autoridad para imponer medidas militares contra genocidas y para defender a los indefensos. Por supuesto que este sistema siempre requerirá de la aquiescencia de los patrocinadores. Lo cual significa que difícilmente se revolverá contra ellos. Pero es mejor hacer algo de justicia que no hacer ninguna justicia.

Además, si el sistema comienza a funcionar, adquiere prestigio, y más naciones se van uniendo, el sistema se escapará de las manos a sus fundadores. Al final, se habrá consolidado una Justicia Internacional de la que estarán fuera veinte o treinta naciones, que por supuesto siempre pondrán el grito en el cielo contra dicho organismo.

La utopía siempre ha comenzado como una utopía.

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