sábado, agosto 14, 2010

Los grandes teólogos del mañana, hoy son desconocidos


¿Cuánta modernización cabe dentro de la Iglesia? Dentro de la Iglesia cabe toda la modernización concecible dentro de la misma fe.

Mientras mantengamos la misma fe, podemos ser todo lo moderniazadores y todo lo conservadores que deseemos.

Ahora bien, no pocas de las propuestas que elementos liberales proponen no es que vayan contra la fe, es que van contra el sentido común. Hay una parte en El nombre de la rosa en la que Fray Jorge de Burgos le dice a fray Guillermo:

La inculta locura de Dulcino y de sus pares nunca podrá hacer tambalear el orden divino. Predicará la violencia y morirá por la violencia, no dejará huella alguna, se consumirá como se consume el carnaval, y no importa que durante la fiesta se haya producido en la tierra, y por breve tiempo, la epifanía del mundo al revés.

Estas impresionantes palabras escritas por un agnóstico y puestas en boca del malo de la novela, dicen la verdad. Es curioso que tenga que recurrir a un agnostico para expresar de modo magistral esta idea. Pero es así. Y estas palabras lo que vienen a significar es que aquellos que en la Iglesia se oponen frontalmente a la Tradición, aun en el caso de que obtengan un fugaz triunfo, serán finalmente vencidos y superados por la Tradición, la Tradición les sobrevivirá.

Nada más lejos de mí querer decir con esto que no hay necesidad de reformas, que no hay que proponer cambios, que no hay que ser renovador. Pero todo esto hay que hacerlo dentro de la Tradición, dentro de la comunión, dentro de la obediencia. De lo contrario, la misma dinámica interna del cambio, acaba fagocitando los mismos cambios. Es la revolución que devora a sus hijos.

Nada hay más efímero que la moda. La fe es lo estable por antonomasia. Yo siempre he abominado de los teólogos que buscaban el aplauso de sus contemporáneos. De los teólogos que sabían muy bien qué es lo que les gustaba oír a sus correligionarios. Por el contrario, siempre me han gustado los creadores de Teología que eran antipáticos, que no iban a la moda, que sólo buscaban la verdad de la ciencia sagrada, aquellos que metódicamente despreciaron el aplauso. Creadores en estado puro, intelectuales de verdad, no de los medios de comunicación.

1 comentario:

  1. Anónimo11:16 p. m.

    Buenas noches, padre Fortea, espero que pueda leer este comentario. Con todo respeto le digo, en primer lugar, yo soy neo dulcinista. Y puede parecer anacrónico pero así es. Tampoco estoy pasando por u´n período de confusión y crisis espiritual, en el que buscamos respuestas y nos aferramos a lo primero que leemos y nos convence. Esa época ya la tuve cuando era adolescente, ahora tengo 22 años. Quería decirle que la cita de Umberto Eco demuestra, en el caso del personaje de Jorge de Burgos y en el suyo creo que también, demuestra que para usted no hay necesidad de reforma alguna en la iglesia. Tengamos en cuenta que la tradiciónn no parece dejar mucho lugar a las reformas, al menos en nuestro país. Y personalmente creo que es justo esa falta de flexibilidad y consonancia la que nos aleja a los jóvenes de iglesias. Ese alejamiento no se debe tanto a la falta de fe, que en algunos es muy fuerte y está muy viva. Ni tampoco se debe a la crisis de valores tan temida por ustedes, que por otra parte también existe. No hay necesidad de una reforma, hay necesidad de una reinvención. Y digo reinvención por no decir revolución, que es una palabra que a muchos les aterra pero no tiene más significado que el que expresa. No se trata de cambiar con las modas como dice usted, porque ahora la moda es ser mas ateo que nadie. Se trata de reconstruir aquello que por otra parte está tan lejos en muchos casos del mensaje de Cristo. Al condenar y cargar losas en lugar de prestar ayuda, la iglesia no hace más que repetirse a sí misma a lo largo de los siglos, como una pescadilla que se muerde la cola. En fin, regresando a la cita de "El nombre de la rosa", por otra parte es imposible para un ser humano verificar que algo o alguien no ha dejado huella alguna a su paso por este mundo. Y en mí tiene la prueba, he terminado de escribir y sigo considerándome neo dulcinista. Respecto a la teología, quizá la antipatía que usted menciona no se la ganaron aquellos hombres por ir en contra de la masa, sino por defender la injusticia y alejarse de Cristo. Pero como todo, esta es mi opinión. Bendiciones. Anna.

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