lunes, agosto 16, 2010

Los teólogos III


Hay unos teólogos que son profesores de teología, y otros teólogos que son creadores de teología. El creador puede no tener ninguna cátedra, puede desempeñar una labor humilde y poco conocida, su misma obra puede no ser considerada para nada en su tiempo. Un gran teólogo puede necesitar que su obra sea descubierta en el futuro, descubierta y entendida. La obra puede estar muy por encima de sus lectores. Cuánto más innovadora sea una teología, con menos lectores contará.

Es misión del teólogo crear, innovar, descubrir, abordar los problemas más espinosos, precisamente porque son espinosos. El gran teólogo está por encima de las pequeñeces que tanto tiempo hacen perder a otros, pequeñeces en las que otros se pierden. El gran teólogo no gasta su tiempo con menudencias farisaicas, con cuestiones bizantinas. Él siempre va al núcleo de las cosas. Su mirada es de águila. Ve por encima, con una mirada panorámica. Sus manos pueden ser las manos cuidadosas del relojero que mima los engranajes teológicos, en otros casos son sansones que levantan con sus músculos intelectuales grandes masas. Masas que de pronto están ahí, y que antes no estaban.

El gran teólogo nunca es un talibán, tampoco es un irreflexivo destructor de la Tradición. Está por encima de las izquierdas y las derechas, del liberalismo y del tradicionalismo. El gran teólogo es en teología, lo que han sido en otros campos un Miguel Ángel o un Beethoven o un Le Corbusier. Porque el gran teólogo transforma en arte la ciencia. Por eso hay pocos teólogos colosales y creadores.

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