sábado, agosto 07, 2010

No os fijeis ni en la altura de este hombre, ni en su sonrisa poco agraciada. Porque el gran hombre es el del centro.


Este fin de semana Álvaro Uribe dejará de ser presidente de Colombia. Normalmente en este blog se critica a los políticos que atacan a la Iglesia o los derechos humanos. Pero no puedo dejar pasar la ocasión de decir que Álvaro Uribe ha sido un presidente que ya lo hubiera querido yo para mi país, España.

Uribe ha sido un político que ha honrado la profesión política. Cuando llegó a Presidente encontró un país devastado por el terrorismo. Colombia estuvo más cerca de lo que la gente cree de colapsar totalmente como estado. Estuvo próximo a comenzar a derrumbarse. Y si ese proceso hubiera comenzado, ya no hubiera podido ser detenido. Como Castro decenios antes, la guerrilla hubiera entrado a saco en la capital, mientras los industriales y empresarios se hubieran subido a todos los aviones que hubieran quedado disponibles. Cuba, Vietnam, Nicaragua, Colombia hubiera sido otro eslabón más en la cadena de estados que se habían derrumbado. Pero apareció Uribe.

Recibió un país agonizante, hoy deja un país próspero, pacificado, cada día más seguro, con un gran futuro por delante. Uribe ha dado un futuro a ese país.

Su receta: el sentido común. No venía con grandes teorías. Se limitó a ir tratando de poner remedio a cada problema.

Uribe tenía una virtud muy rara en los gobernantes: la humildad.

Hoy un gran hombre deja de tener sus manos sobre el timón de una nación del mundo. Ojalá pudiera escribir post como este más a menudo. Pero los grandes hombres no abundan.

Una última cosa. Uribe ha tenido muchos que le han odiado. Pero viendo quienes le odiaban, uno se daba cuenta al momento que no hacía falta saber nada más, para percatarse de que Uribe era el bueno de la película. A veces el nivel de odio que un hombre provoca en determinadas personas, nos da la medida de la grandeza del odiado.

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