lunes, agosto 02, 2010

Sí, lo que tiene en la mano es un zapato, sí. No nos engañan los ojos.


Sigue del post de ayer.

Cuba es un país ideal. La cuestión es ideal para quién. Se trata de un paraíso socialista a pocos kilómetros del infierno yanqui. Curiosamente es un paraíso en el que nadie quiere quedarse, y del que todos quieren salir.

No deja de llamarme la atención de que los chicos de Izquierda Unida sigan siendo tan duros con la Iglesia, y tan comprensivos con Castro y sus secuaces. Sea dicho de paso, la única que de verdad ayuda a los pobres es la Iglesia. Y justamente los de las izquierdas a darle con la cachiporra a la Iglesia. Me imagino que creen que existe una relación directa y proporcional entre los palos que le dan a la Iglesia y el amor a los pobres.

Pero no me extraña que nos traten tan mal. Porque echando la mirada atrás, la Iglesia ha sido la gran fuerza que subterráneamente se ha opuesto a esos partidos que querían hacer de Europa Occidental una gran Cuba.

En los años 60 y 70 la gran discusión de los intelectuales era si había que hacer de Europa una gran Camboya, una gran Cuba, una gran Rusia o una gran China. La Iglesia, aunque esto no conviene que se sepa mucho, puso su granito de arena para evitar que esos barbudos fumadores de pantalones de pana, llegaran al poder. Y si llegaban, que no se perpetuaran.

Castro deambula por la isla ignorante de la Historia, a la que no comprende, o a la que cree comprender mejor que nadie. Castro, hasta el final, hasta el último día, hasta la última hora, vaga como un sonámbulo por su régimen convencido de que todos le aman, de que todo lo ha hecho bien, de que su recuperación es completa, completa y total como su victoria en la Bahía de Cochinos.

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