jueves, agosto 05, 2010

Tempus temporum


Tengo sueño. Es lógico, el día sucumbe, da sus últimos coletazos, se resiste a desaparecer, como si quisiera agotar sus últimos minutos, como si quisiera robar parte de una de las horas de la noche. Los párpados míos ya no están tan abiertos. Siento ganas de tenderme sobre las sábanas de mi lecho. No es ésta una noche calurosa de agosto, no.

Siempre me acuesto como el que va a lanzarse a las aguas oníricas. Lanzarse, sumergirse, tal vez soñar, dormir. Quizá experimentar sueños dentro del sueño.

Un día acaba. La sucesión parece interminable. Pero los días están contados. También este verano parecía de una extensión inagotable. Pero a sólo queda un mes. Es increíble, el tiempo siempre me sorprende. Una maravilla diaria. Su paso un espectáculo. Recuerda a un río. Las aguas del Tiempo. Qué ciegos somos a esta maravilla divina. El tiempo no traiciona. El tiempo no pasa rápido, va a su paso. Él es la medida, no engaña.

Estoy deseando soñar. Me voy a la cama. Mañana os contaré que he soñado.

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