miércoles, agosto 04, 2010

Verano azul y negro clerical



Por la mañana dos misas. Una misa de diario en un pueblo muy devoto de iglesia monumental. La otra de funeral en otro pueblo. En esta segunda, templo lleno hasta el coro, procesión hasta el cementerio. Parapetado en un alba con capucha bajo un sol castellano de agosto. Una estola violácea sobre los hombros y un breviario en mis manos. El sol casi hería los ojos durante mi lectura de esas páginas.

Tras eso una coca-cola en casa de la sacristana. Una comida escasa en mi casa. Las calorías deben ser mantenidas a raya. La tarde la he empleado en cosas varias sin mucho interés, o quizá demasiado. Frase enigmática. Enigmática a sabiendas.

Por la noche he cenado viendo la primera media hora de Diálogo de Carmelitas. Después una partida de ajedrez. Varias llamadas largas. Hubiera querido dedicar quince minutos a ver La Pasión de Gibson antes de acostarme. Pero dada la hora, me tendré que limitar a rezar completas y a leer un poco la Biblia.

El verano es bello, tranquilo, relajado, me consiento descansos, me concedo alguna horchata. La semana pasada me hice consciente de que me queda sólo un mes más de verano. De decir tengo todo el verano por delante, he pasado a reconocer que sólo me queda un mes. El tiempo, siempre el tiempo.

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