viernes, septiembre 03, 2010

Arregui:Dos hombres y un destino


En la foto vemos a Arregi echando una mirada llena de cariño a cierto superior suyo franciscano.

Lo de Arregi y Munilla era el choque anunciado de dos locomotoras. Choque bastante previsible, dado que la locomotora Arregi se empeñaba en ir en dirección contraria a la locomotora conducida por su obispo, por la misma vía y gritando: ¡más madera!

Después podemos lamentarnos del espíritu inquisitorial, de la falta de libertad y del poco amor a la poesía que reinan en el palacio episcopal donostiarra. Pero, en realidad, todo el asunto era muy sencillo: dos locomotoras en dirección contraria. Arregi podía haber enfilado su máquina hacia los cuatro puntos cardinales, pero no, le había cogido gusto a la vía episcopal.

Y mira que Arregi, haciendo uso de su sentido innato de la caridad, agitaba la gorra de maquinista desde lejos, gritando: ¡apártese, apártese, que voy embalado! Gritaba eso con toda sinceridad y, de vez en cuando, echaba otra paletada de carbón. No tuve que hacer grandes esfuerzos cerebrales para prever la lógica conclusión ferroviaria.

Algún periodista, haciendo gala de una bondad rousseauniana, aconsejaba a monseñor Munilla acoger a Arregi como cura en su presbiterio. Me parece una buena medida, como la de que el obispo se flagele por las calles donostiarras todos los viernes. Yo personalmente entre las dos medidas, preferiría la autoflagelación. Eso sí, le aconsejaría al ex franciscano que ofreciera su colaboración eclesial al obispo de las Islas Bermudas o al de las Islas Faloe. Seguro que estarían encantados con una visión tan fresca de la eclesialidad.
Algunos pensarán que con Aguirre al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la libertad alcanzaría unas cotas nunca antes conocidas. La experiencia me ha enseñado que este tipo de amantes de la libertad, cuando llegan a cargos de responsabilidad, son maestros en el arte del terror jacobino.

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