martes, septiembre 28, 2010

Fortea y el contrabando II

La historia de mis libros entrando en Venezuela de tapadillo, no debe hacer pensar que no existe libertad de expresión en la república chavista.

Tampoco el pago ilegal al policía debe hacer pensar que existe corrupción en Venezuela. El policía permitió la entrada de los libros por amor a la cultura. El pago fue la justa retribución por el riesgo que corría el policía al quebrantar la Ley. Bien es cierto que hubo que ser generoso por su acto heroico.

Las cuatro horas que nos costó el trayecto de Caracas a Valencia, cuando debería haberse hecho en poco más de una hora, tampoco debe hacer pensar mal del estado de las carreteras revolucionarias.

Además, los continuos paros a los que nos obligaba la autopista eran en realidad una ocasión para la cultura. Y así aproveché para:

1. Rezar el breviario.
2. Leer parte de un libro de teología sobre la Eucaristía.
3. Acabar de leer las memorias del cardenal Bernardin.
4. Rezar el rosario.
5. Repasar la conjugación italiana del verbo amare, potere y volere.
6. Charlar abundatemente con las dos personas que me acompañaban entre las actividades 1, 2, 3, 4 y 5.

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