lunes, septiembre 27, 2010

Fortea y el contrabando

Cuando escribía yo mis libros en mi pequeño scriptorium en la bella ciudad de Alcalá de Henares, sumido en mis pensamientos, en mi labor de copista de mis erráticos pensamientos no siempre exentos de algún ingenio. Bien, la primera frase es muy buena, tan buena que ya me he perdido. Vuelvo a empezar.

Cuando escribía yo mis libros en Alcalá de Henares, lejos estaba yo de pensar que esos mismos libros muchos años después entrarían en Venezuela, a través de la frontera, cargados en una motocicleta por la noche y por senderos campestres nada legales.

Un particular que quiso venderlos en la capital tuvo que recurrir a este medio para que llegaran a su destino, destino que es el lector. Entre el autor y el autor, hubo una cadena de eslabones intermedios. Uno de esos eslabones era el aguerrido conductor de la motocicleta.

Aun así no se piensen los lectores que los libros no pagaron ningún impuesto, no. Si el de la motocicleta era un aguerrido contrabandista, el policía de la primera ciudad de la frontera era un experimentado conocedor de los contrabandistas.

Aunque lamento que no fue precisamente el estado bolivariano el que se benefició de ese pago. Sino que mucho me temo, que ese dinero fue dirigido para el subvenimiento de la familia del policía.

La historia de como llegó Summa Daemoniaca y otros de mis libros a territorio revolucionario bolivariano, es novelesca como las mismas historias que yo escribo. Sólo que la historia real era tan buena, sino más, como algunas de mis novelas.

Sería interesante que el motorista llevase algún día no las obras, sino al autor, a través de esos caminos oscuros. Para así mejorar la ficción de los libros a través de la visión de la realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario