lunes, septiembre 06, 2010

Hoy toca Arregi también.


(Sigue de ayer)

En mi diócesis, en Alcalá de Henares, en Madrid, en Valencia, en tantos seminarios, uno encuentra infinidad de espiritualidades, desde Comunión y Liberación hasta los que quieren irse de misioneros a servir a los pobres de África. En los seminarios progresistas esa libertad no existe. La objetividad de las normas del Derecho Canónico es sustituida por la mera voluntad del formador. No hace falta decir que prefiero mil veces caer en manos del Derecho Canónico, que en las manos de alguien que te dice con una sonrisa: aquí la Ley soy yo.

Además, me sorprende el berrinche que pillan los progresistas radicales cuando se les quita de un cargo en la Iglesia institucional en la que ellos no creen.

La Iglesia, la Iglesia institucional, la Iglesia jerárquica, la tradicional, ha hecho examen de conciencia, ha pedido perdón de sus faltas, ha reconocido lo que de mal ha habido en sus miembros. Pero los miembros radicales de la progresía eclesial siguen convencidos de que ellos son los puros, de que son los demás los que no se enteran, de que los otros son la falsa Iglesia, los fariseos.

Hans Küng, Bernhard Häring, Schillebeeckx, Boff y muchos más no son el progreso de la Teología, sino la renovación de las viejas herejías y errores que condenaron los santos patriarcas del cristianismo: los Santos Padres. Eso no es el progreso, sino el pasado. La Iglesia es el futuro.

La Iglesia es una sagrada tradición. Hay que acercarse a ella a través del estudio y la oración, hay que aproximarse a su voz con humildad, pidiendo entender al Espíritu que todo lo explica y que sigue enseñando.

Acabo con un deseo, que sé que será así: progresistas radicales que no creéis en la Sagrada Tradición que custodia la ortodoxia, os deseo que seáis tratados con la caridad y la compasión de la que vosotros no usasteis cuando dominasteis esos mismos cargos eclesiásticos que otrora vosotros ostentasteis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario