miércoles, septiembre 08, 2010

Pensamientos nocturnos


Hoy pensaba que si estos fueran los últimos días de mi vida, y espero sinceramente que me queden muchos más, la vida ha sido una fantástica excursión de ritos, sotanas, basílicas antiquísimas, arquitecturas teológicas, polémicas con hermanos míos eclesiásticos (no del todo valoradas por esos hermanos), películas que me han hecho llorar, que me han hecho reír, paellas, sushi, paseos por el campo, paseos por ciudades tan distantes, reuniones con amigos, apasionantes llamadas telefónicas.

Siempre me gusta despedirme de la vida. Es una costumbre que me lleva a recordar la brevedad de todo, a percibir con más claridad el paso del tiempo. Despedirse de la vida es un placer, cuando se sabe que queda más tiempo.

Y eso que tengo la íntima convicción de que me queda mucha más vida. Incluso tengo la convicción de que, en mi caso, la mejor parte de mi vida será su segunda parte. Sí, sé que me esperan sorpresas, que la vida me sorprenderá. Se trata de una convicción no basada en ningún indicio racional.

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