miércoles, septiembre 01, 2010

Septiembre


Llevo varias horas escuchando una curiosa cadena que sólo ofrece música de bandas militares y músicas patrióticas. Reconozco que la música militar inglesa es muy buena. También la música colonial norteamericana. Me gusta variar en cuestión de música, es como viajar.

Por lo demás, tengo la cocina sin recoger. Me he propuesto revisar al menos hasta la página 50 entre ayer y hoy de mi última novela, y ya veo que no lo voy a conseguir. Estoy tan concentrado en mi libro, que la cocina tiene que esperar. Lleva tres días esperando.

La cena ha consistido esencialmente en una gran cacerola de caldo vegetal. La receta es de mi invención. He repetido tan a menudo este plato, que he logrado a través de mucha experimentación, una sopa verdaderamente deliciosa que tiene un sabor a medio camino entre el caldo de espárragos y la sopa de tomate.

Mañana será 1 de septiembre. No sé porque pero la palabra septiembre siempre me ha recordado a moriente. Es como si el verano se muriera. Si la primavera es la vida que renace, septiembre tiene un aire de ocaso. No hay mes más melancólico en el calendario. Siempre es toda una experiencia el primer día que tienes que ponerte el jersey, echar una manta en la cama, ponerte el abrigo.

Ahora mismo estoy un poco dividido interiormente en el umbral de este mes crepuscular. Estoy bien en mi diócesis, pero mi alma desea retornar a Roma. Como si esa ciudad se hubiera convertido en el santuario de mi alma. Amo Alcalá, sí. Pero anhelo volver a ir y venir por las estrechas calles de Roma, rezando o simplemente mirando, asistir emocionado a esos grandes pontificales, volver a comer y cenar con mis cuarenta compañeros presbíteros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario