domingo, octubre 31, 2010

En el Bronx

Evelyn, siento no haberte llamado. Pero hasta ahora no he llegado a la casa donde me hospedo. No he querido hacerlo al levantarme, para hacerlo con tranquilidad al llegar a casa por la tarde. No pensaba llegar tan tarde.

Ha sido un dia lleno de cosas, pero con mucho fruto. Pues con gente con tanta fe siempre hay fruto.

La charlas, las he dado con un jesuita, han sido en un gran teatro donde cabian mas de dos mil personas. Un teatro muy curioso, antiguo y con unas reproducciones neoclasicas/eclecticas de edificios europeos en los dos flancos de la gran sala. El teatro Paradise.

Aqui ya ha comenzado un frio invernal. Menos mal que me habia traido el abrigo grueso. Es Hallowen, todos los nignos del Bronx iban disfrazados. De vez en cuando algun segnor me preguntaba si lo mio era un disfraz: no, segnor, yo soy un sacerdote de verdad.

Ah, se me olvidaba, un delicioso desayuno de tortitas con mermelada de blueberries. Como esto siga asi, voy a volver con el peso de Juan XXIII.

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