jueves, octubre 14, 2010

Estoy en la Plaza de San Pedro


Estoy en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Tengo delante la fachada de la basílica. Es de noche, he cenado y me he venido paseando hasta aquí. Estoy todo lo cerca que uno se puede acercar a este templo una vez que está cerrado. Unas vallas de madera me impiden aproximarme más. Estoy en el centro de la valla, justo delante de la puerta principal. A mi izquierda tengo el Palazzo Apostolico. En una de las habitaciones ahora mismo está durmiendo ya el Papa.

En los edificios de mi izquierda y de mi derecha se van repartiendo los despachos donde trabajan distintos departamentos del Vaticano. Un coche de carabinieri monta guardia en la parte derecha de la plaza. Todas las noches el coche aparca ahí. Cansados los dos guardias de uniforme gris, a ratos salen a pasear por la plaza.

En la plaza siempre hay grupos de turistas, de peregrinos, algún que otro sacerdote, alguna pareja de religiosas. Los sonrientes grupos de adolescentes siempre son ruidosos. Algún obispo pasa fugazmente por la Plaza de Pío XII hacia alguna de las residencias donde se hospedan.
La Via de la Conciliazione está tranquila después del movimento del día. Sus dos fuentecillas continuan manando agua, día y noche. Sus tiendas de objetos religiosos, sus librerías, cerradas.

Yo rezo en el centro de la plaza. Es curioso que haya tenido que venir a Roma para encontrar a Dios de un modo más profundo. Otros se van al desierto, a un monasterio, a la naturaleza. Debo ser de los pocos a los que esta Urbe les produce el efecto un efecto espiritual tan fuerte y tan duradero en el tiempo.

Otros en el Vaticano se escandalizan. Ya veis, a mí me produce el efecto contrario.

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