domingo, octubre 17, 2010

Fortea y el Vaticano II


(Sigue de ayer)

Cuando mi amigo llegó a buscarme fuimos a la zona del Palacio de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Allí nos esperaban un cónsul y su esposa, que se unieron al grupo. En seguida nos encontramos con el alemán que tenía la autorización para mostrarnos todo.

Y así comenzó el largo periplo: el Colegio Teutón, la Casa de Santa Marta, el Gobernarato de la Ciudad del Vaticano, la parte de atrás del ábside de la Basílica, jardines y más jardines, la antigua estación de tren del Vaticano (que era preciosa) y que hoy día es un pequeño mercado, la gruta de Lourdes (en versión romana), a mí incluso me gustó más la versión romana que la francesa, hasta me dió más devoción, la zona exterior de los Museos Vaticanos, el pabellón de caza, otra fuente más (había tantas que perdí la cuenta), la Capilla Sixtina vista por fuera.

Todo lo vimos desde fuera, sin entrar a ningún edificio. Al mercado vaticano sí que animé a todos a que entráramos. En él había un poco de todo, sobre todo cosas de electrónica porque no pagan impuestos. Menos que no entramos en los edificios (tampoco podíamos), porque al final de la mañana yo ya estaba agotado. Nunca pensé que el Vaticano pudiera cansarme, pero así fue. Habían sido tantas horas con tanta acumulación de cosas que ya no me cabía nada más. Encima, con tanto andar, yo tenía un hambre endiablada. No dije nada, porque existe un mito muy arraigado de que los exorcistas apenas comen. En realidad, yo soy demonólogo, expliqué.

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