sábado, octubre 02, 2010

La huelga: apologia pro Zapatero


Unos días atrás hubo una huelga en España. O como se dice en la película Amistad: ese reino mágico llamado España. Y no dije ni una palabra.

No dije nada no sólo porque éste es un blog dedicado a los gatos, a Masía, a mis sueños (nocturnos), a lo bello que es vivir en Roma y a mi progresión (ineluctable) en la pérdida de peso, de peso corporal. No sólo por eso, sino también porque el susodicho hecho obrero (lo digo con ironía lo de obrero) me cogió por otras latitudes. Y en Brasil el tema de la huelga hispana sonaba a algo tan lejano como la Guerra de los UGT-Boers o la Rebelión de los CCOO-Boxers.

Pero ahora sí que me gustaría decir bien claro que yo nunca apoyé esa inútil huelga a mayor gloria de los sindicatos. Estuve al lado de mi presidente, como tiene que ser.

Mis lectores pueden estar seguros de que si en algo tengo que apoyar a Zapatero, es que Zapatero se lo merece. Creo que cuatro años de blog han demostrado que no tengo una tendencia a cerrar filas con mi príncipe, por usar una terminología tomista.

Se me puede acusar de muchas cosas (e incluso de más cosas), pero no de una tendencia a ponerme de lado de ZP.

Lo que sucede es que la situación económica de España, por si alguien no se ha dado cuenta, es bastante mala. Algo sé de economía. Con cierta humildad, o sin ella, quiero hacer notar que en este blog se predijo con bastante claridad cuando tocaría fondo la crisis, cosa que hice con dos años de antelación. Así como el año en que tendríamos el primer índice positivo en el PIB. Y en los dos pronósticos no me equivoqué.

Bien, lo cierto es que en los últimos años hubiera deseado no saber nada, y vivir feliz escuchando los sedantes partes de la Moncloa, asaz aplacadores. Y porque algo sé de economía, quizá veo con más claridad que buena parte de la población lo que está pasando. Y lo que está pasando es que mientras todos están yendo hacia delante, mientras todas las economías avanzan, nosotros en 2009 tuvimos un retroceso del PIB del -3.6.

Al que no sabe esto le parecerá un número inofensivo, algo así como si las sardinas bajan de precio. -3.6 no parece un índice terrorífico al que no sabe nada, pero en verdad es un número terrible. Y más terrible en medio de una situación de salida de la crisis en todas partes. En todas partes donde hay gobernantes responsables que toman las medidas mínimas. NINGUNA de las cuales se ha tomado.

Nuestro hombre admirable de la Moncloa, el Gran Timonel de la sonrisa, ha decidido hace ya tiempo no hacer nada que le reste un solo punto de popularidad. Si se hunde el país que se hunda, pero él no hará nada que le reste puntos en las encuestas.

Resultado, tras casi ocho años de estar en el primer puesto europeo de crecimiento (época del PP), desde que llego él hemos pasado a estar en la cola del crecimiento europeo, y con vocación de seguir en ese puesto.

Aunque la gente no se entere, las cosas están tan mal que cuando tomó las medidas absolutamente mínimas que llevaron a la huelga, era porque era realmente necesario. La gente no sabe de economía, pero el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo, sí. Y le han dicho las cosas por activa, por pasiva y por perifrástica. Pero él como si oyera llover. Eso sí, ha decidido dar más discursos. Y eso que le vino a ver en persona el Presidente del Fondo Monetario Internacional. Y le vino a ver para decirle que se había pasado cinco pueblos y que ya era hora de empezar a ponerse las pilas.

Eso y la llamada de Obama fueron las gotas que le motivaron a hacer una reforma mínima, completamente desproporcionada por su pequeñez con respecto a todo lo que habría que hacer para evitar que las inversiones se estén marchando a todas partes, menos al Reino de España.

Pero el problema era que los sindicatos por cuestiones de marketing tenían que protestar, que moverse, que demostrar que servían para algo. Los sindicatos españoles son empresas de imagen. La imagen y no otras razones es lo que hacen que la gente se afilie o no. Si siempre están inactivos, da la sensación de que no hacen nada. Regularmente hay ofrecer actividades a su público, con razón o sin ella.
Un sindicato que no protesta cede terreno ante un sindicato más reivindicativo. Es una dinámica cruel, pero así funcionan las cosas. Ellos iban a protestar por lo que fuera y ante lo que fuera, tenían necesidad de echar a la gente a la calle. Tenían la necesidad de enarbolar banderas, de dar discursos, de salir en las primeras noticias de los telediarios para decir bien claro: estamos aquí. Pura imagen. Puro teatro.

Por eso, cuando esos hijos de Lenin arremetieron contra mi pobre presidente yo me apiadé y derramé un par de piadosas lágrimas.

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