viernes, octubre 22, 2010

La noche se ha echado sobre nosotros, por lo menos a esta hora.

Bien, sí, lo reconozco. Ayer me pasé de azúcar. Fue un post tan dulce que espero que ningún diabético lo leyese. Digamos que se me fue la mano. No es que dijera nada que no sintiese. Pero no sé muy bien como el post no se desbordó en una maravillosa explosión de crema pastelera con gominolas, formando encima un arco iris de bellos colores y todo el conjunto rodeado de estrellitas.

Escribo este post un viernes por la tarde después de la cena. Un momento bastante propicio a la tristeza. Porque uno piensa que los viernes por la tarde tendríamos que organizar algo todos juntos. Pero no. Cada uno o se va a su habitación, o algunos se marchan a tomar una cerveza. Y a mí no me gusta para nada ir a bares y similares. De forma que estoy en el grupo de los que se quedan en un collegio silencioso en el que las luces se han apagado y los pasillos desiertos han quedado oscuros. Un paisaje interior bastante parecido al El Resplandor. Aunque en versión de palazzo italiano siglo XVII.

Bueno, hoy leeré la Biblia un rato antes de acostarme.

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