sábado, noviembre 20, 2010

Cardenales


Hoy gran ceremonia en Roma: entrega de la birreta a los nuevos cardenales. Por la tarde apertura de las grandes salas vaticanas para que la gente pudiera saludar a los nuevos purpurados. Ha sido toda una efusión de hábitos, sotanas, fajines, laicos vestidos impecablemente, trajes típicos de distintas naciones, monjas que iban y venían.

Allí me he encontrado con un sacerdote de mi diócesis, con otro de los viejos tiempos de Navarra, con tres cardenales españoles y un largo etcétera de sotanas negras. Nosotros, los sotanas negras, hemos disfrutado de lo lindo en medio de todo aquel esplendor vaticano. Porque, hay que reconocerlo, que hasta el más ateo de los ateos, hubiera disfrutado de todo aquello. No hace falta fe para reconocer la belleza donde la hay. Y allí, lo humano y lo arquitectónico, los frescos, la guardia suiza, los secretarios, las viejecitas, las familias venidas de África, el anciano cardenal que no podía sostenerse derecho en la silla, formaban un conjunto admirable.

Pero no me hagáis mucho caso, porque ya sabéis que en cuestiones romanas yo no soy muy objetivo.

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