jueves, noviembre 04, 2010

De viaje


Al volver por la noche a la parroquia donde me quedo a dormir, me desperte (iba dormido en el coche que me llevaba) y vi que atravesabamos una zona judia. Era curiosisimo. Por la calle no habia ni una sola persona que no fuera vestida de negro con sus grandes sombreros de ala.

El frio era muy intenso, invernal. Todos se arrebujaban en sus abrigos. Despues, llegamos a la zona hispana de Brookyn, habiamos venido de la zona italiana, donde habia hablado tanto italiano como en Roma. Sea dicho de paso, en la pastaleria italiana en la que entramos, encontre los mismos cannoli de mi pasteleria favorita de la piazza de Santo Lorenzo in Lucina. Perfecto, ahora puedo engordar lo mismo aqui que en Roma, pense.
Ahora escribo este post en una salita de una parroquia. Rodeado de impresos parroquiales, monedas de las colectas reunidas en una gran caja de rejilla metalica (debe pesar veinte kilos), y muchas notas fijadas en las paredes. A los norteamericanos les encanta pegar hojas en las paredes, y en el frigorifico.
Realmente, los alrededores de Nueva York, por donde he ido estos ultimos agnos, Queens, Bronx, Brooklyn y otros, son todo un mundo. Un mundo de nacionalidades, de diversidad, una especie de gran puerto del mundo.


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