jueves, noviembre 11, 2010

Hablando de demonios


Lo bueno de los viajes es que hay de todo. Hay momentos aburridos esperando en las terminales, momentos deliciosos de cenas entre risas sentado al lado de amigos que ya conoces de otros viajes, ratos en que oras con mucha gente y sientes la presencia de Jesus en medio, ratos de predicacion verdaderamente inspirados, ratos en que no te sientes nada inspirado (pero sigues hablando), situaciones en la que temes que tu maleta no haya llegado a destino, noches en las que te levantas para ir al bagno y no recuerdas en que ciudad estas ni como es la habitacion, momentos en que ensegnas otra vez el pasaporte y presentas otro formulario rellenado en un avion que se movia mucho, momentos en que escuchas la consulta de una persona y no te apetece escuchar ninguna consulta mas, horas en las que te ensegnan otra ciudad, situaciones en las que extiendes la mano para estrechar la mano de alguien mientras le dices: si, yo soy el padre Fortea.

Hay momentos en que escuchas como te presentan ante un auditorio, almuerzos en los que a tu lado tienes a un arzobispo, misas en las que sigues a un monaguillo que no tiene ni idea de hacia donde dirigirse, horas en las que lees una novela en italiano para practicar la lengua.

En los viajes hay momentos aburridos, alegres, llenos de devocion, momentos buenos y malos. Gracias, Segnor, por poder viajar y hablar a los hombres de ti.

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