sábado, noviembre 13, 2010

Hoy he llegado a Carolina del Norte


Al pasear por delante de la bonita iglesia presbiteriana de la localidad de Pensilvania donde me hospedaba hasta ayer, en plan de broma le decia al parroco catolico que deberiamos buscarle un novio a la pastora presbiteriana soltera que regia esa iglesia.

Lo gracioso seria que se casara con un episcopaliano y que sus tres hijos acabaran siendo unos devotos sacerdotes catolicos.

El se reia mucho con estas ocurrencias hispanicas mias.

A mi me llamaba la atencion el hecho de que en algunas de esas iglesias protestantes, como por ejemplo en las baptistas, en cada iglesia existe un consejo de personas que no solo pueden decirle al pastor si esta haciendo bien las cosas o no, sino que incluso pueden echarle.

Eso es terrible, porque el pastor queda reducido a un predicador. Un predicador que jamas podra decir con claridad a la comunidad que esta haciendo algo mal, pues si enfada a la comunidad esta la podra echar. No hace falta decir que casi siempre, el predicador acaba diciendo lo que la comunidad desea oir, o al menos lo que no le siente mal.

Cuando veo estas formas de organizar las iglesias y sus resultados (cada vez menos gente en ellas) cuanta sabiduria veo en que Nuestro Senor organizara las cosas de forma que el predicador en nuestras parroquias no solo predique, sino que tambien sea un pastor. Es decir, que el tenga el oficio de gobernar.

Alla donde voy, veo como los lugares antagno feudos de los protestantes, hoy dia son la sede de florecientes iglesias catolicas. No solo eso. Sino que es evidente que los protestantes cada vez se van a fijar mas y mas en las doctrinas de la Iglesia Catolica como un referente. En medio de un mar de dudas y opiniones contrarias sobre los temas mas esenciales, la Iglesia Catolica se muestra como un faro. Es mas, los pastores protestantes cada vez se visten mas como los sacerdotes catolicos. Incluso adoptando sin ningun pudor el cuello romano.

Hago estas consideraciones porque algunos disidentes catolicos (lease Arregi y compagnia) siguen insistiendo en que la Iglesia Catolica enfile su barca hacia ese Pais de las Maravillas Eclesiales del que nos hablan. Cuando en esos mismos acantilados teologicos ya han encallado unas dos mil pequegnas barcas durante los ultimos cinco siglos. A esos teologos disidentes les sigue pareciendo que la realidad es poco argumento para abandonar sus teorias.

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