viernes, noviembre 19, 2010

Las alcachofas


Ya he llegado a Roma. Llegar a esta ciudad tiene algo de arribar a un seno maternal. El collegio es la casa con una familia de cuarenta hermanos, el hogar de los rituales cotidianos, el centro del que surgen todos los paseos, el scriptorio personal desde cuyos peñascos teológicos atisbo el pensamiento de cuantos me han precedido en los siglos anteriores.

Roma, lugar donde confluyen todos los complots de tantas novelas, yunque donde golpean los ataques de tantos cristianos, sede de tantas oficinas, de tantos archivos. Para cada uno es una cosa Roma, al volver yo encuentro mi hogar.
No sé si os lo he dicho, pero me encanta Roma. Roma veduta, fede centuplicata.

Eso sí, al llegar me estaba esperando la pasta, la misma pizza de siempre, las mismas alcachofas de lata de cada semana. Pero Roma bien vale esas alcachofas.

Otra cosa buena de esta ciudad es Berlusconi. Desde que conozco a Berlusconi la política me ha dejado de parecer aburrida.

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