domingo, diciembre 05, 2010

Faus, oye, que hoy yo también he tenido un sueño.

Aunque iba yo a escribir hoy sobre los buenos y malos blogs católicos, he decidido interrumpir el tema. ¿La razón? Un artículo del religioso González Faus sobre el Papa. Un artículo en el que le anima a viajar en clase turista. Y sí, que venga a España, pero sólo a escuchar lo que le tienen que decir las curas, monjas y laicos que quieran ir a verle, de nuevo insiste en que viaje en un coche normal, y si tiene tiempo libre que visite la cárcel.

¿Pensaréis que le voy a atizar con un bate de beisbol como hizo Al Capone en Los Intocables? No, por favor, nada más lejos de mi pensamiento. Y menos después de la serie: blogs buenos/blogs malos.

Todo lo contrario. Al revés, lo que he leído me parecen acciones muy elogiosas para un Papa. Si González Faus resulta elegido en un cónclave, seré el primero en sentirme edificado por tales acciones. Pero mientras tanto, me gustaría recordarle una simple cosa: todos no podemos ser Papas.

Pero otra cosa que, a mi humilde entender, olvida este gran predicador de la clase turista, es que su bello paraiso eclesial ya existe en forma de muchos grupos protestantes y católico-liberales. Pero no parece que haya cola para entrar en ellos. Por el contrario, hasta los anglicanos están empezando a copiar más y más cosas de los viajes papales cuando viaja el Arzobispo de Canterbury. Y cada vez son más, incluso entre los protestantes, que respetan la figura del Papa como la figura central del cristianismo.

Me ha llamado la atención como los anglicanos en sus trajes clericales (no en las vestiduras litúrgicas, ni en sus trajes corales) cada vez son más y más parecidas a las de los católicos, cosa que me alegra, porque doy por segura la unión en un futuro. Las sotanas actuales de los obispos anglicanos son completamente romanas. No digo parecidas, sino idénticas en hechura. El color es la única cosa que se mantiene diversa. Pero cuál ha sido mi sorpresa, al ver que han adoptado hasta el fajín. Sí, Faus, el fajín. Y esto no son cuestiones de telas. Detrás hay toda una compresión eclesial. Una comprensión eclesial que va justamente en la dirección contraria a la de Faus.

Pero sí, me imagino que debe ser preferible volver a la guitarra y la pandereta, y dejar el coro a seis voces de Tomás Luís de Vitoria. Esas voces angélico-renacentistas no se pueden comparar a la pandereta y el acordeón. Me imagino que es mejor vender los candelabros de bronce del siglo XVIII, incomparablemente peores que los cilindros de plástico con keroseno dentro. Sí, todos estos cambios van en la línea de la clase turista.

Y que conste que yo no me meto con las reuniones litúrgicas de Faus al estilo Mao Tse Tung. Pero parece que a él lo de la diversidad no le parece congruente con el espíritu del Evangelio. No me extraña. La feligresía no está por la labor. En el 2010, querido Faus, el joven o es antisistema o es un católico a machamartillo. El joven puede ser anarquista, pero si va a misa prefiere el gregoriano. Hasta los anarquistas cuando van a misa dicen: a mí pongamelo con todos los complementos. Es lógico, si vas a un Mc Donalds no vas a comerte unas pocas patatas fritas. Si entras, te pides el menú entero, con todo, hasta con el regalo de plástico para el sobrino. Y quizá hasta te pidas el Mc Menú de Luxe. Es lógico. El joven que hoy día es católico de verdad y vive en gracia de Dios, lo es con todas las de la ley, y se confiesa, y reza el rosario, y ama al sucesor de Pedro. Lo otro es como el espíritu de Navidad de los Hermanos Grinn.

Por eso, esta salida de González Faus nos parece muy adecuada, sobre todo para los años 70. Pero en el 2010 suena un poco a Austin Powers. Esas cosas se decían cuando 007 se estrenaba en los cines como una novedad, Travolta pesaba curanta kilos menos, la aventura del Poseidón nos estremecía, y Michael Jacson aun no era blanco. Pero ahora suenan completamente a la época de Sábado Cine y la Abeja Maya, la cual vivía en un país multicolor.

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