viernes, diciembre 03, 2010

Los blogs católicos: lo mejor y lo peor II

(Sigue de ayer)

Por supuesto que si un pastor afirma públicamente algo evidentemente contrario a la fe, o a la moral, o está en abierta y clara desobediencia, mi sentido común me indica que puedo hacer comentarios al respecto. Pero siempre sabiendo que nuestras palabras deben ser cautelosas y caritativas. Cautela y caridad que no está reñida ni con el humor ni con la contundencia, cuando los hechos merezcan tal contundencia.

Resulta triste ver como ha habido blogs que han sido un puro y simple cúmulo de elogios a los de mi bando, y ataques a los que no son de mi bando. Qué triste. ¿Qué pensáis que diría de esto Jesús? Comentaristas que van cada domingo a misa y se confiesan, y después insultan a un sacerdote. No me importa si este sacerdote es conservador o progresista, eso es lo de menos, eso es indiferente a Nuestro Redentor.

Una cosa es el sano conversar, el recto comentar, la justa manifestación de la propia opinión. Y otra muy distinta herir, hacer tristes comentarios respecto a la persona. Sea quien sea esta persona, y más grave todavía si ésta es una persona sagrada. Porque lo digo vale para todos la familia humana.

El sentido común me indica que puedo hacer una crítica negativa del trabajo de un director de cine, un comentario nada positivo acerca de un artículo de un periodista, o emitir un juicio general pésimo acerca de las cualidades de un político, por sólo citar unos pocos ejemplos. Pero, por ejemplo, un sacerdote, un monasterio, un obispo, el colegio cardenalicio, no son del mundo, pertenecen al Reino de Dios.

Es comprensible que un periodista dé una mala noticia sobre un sacerdote o un obispo. No sólo es comprensible, sino que es s trabajo. Si el clérigo lo ha hecho y ha salido a la luz, será trabajo del periodista dar la noticia. Pero lo hará muy a su pesar, sin faltar al amor al prójimo. Dará la noticia con profesionalidad, pero lo hará como quisiera que dieran esa misma noticia de él mismo si fuera el caso. La verdad, la caridad y el respeto no son contradictorios. Ornan al hombre justo. Así obra un periodista hijo de la Iglesia.

Pero esto nada tiene que ver con tantos con tantos petimetres, con tantos ignorantes, con tantos petulantes que clavan sus garras contra los ungidos de Dios. Allá ellos. Pero el sufrimiento que provocaron, recaerá sobre sus cabezas. Es lo que tienen las malas acciones, la Justicia siempre es restablecida. De un modo o de otro, por un camino o por otro, pero al final cada uno recibe según sus acciones.

(Seguirá mañana)

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