sábado, diciembre 04, 2010

Los blogs católicos: lo mejor y lo peor III

(Sigue de ayer)

Una de las cosas que no he querido hacer en los pasados días al hablar de los blogs y los comentaristas, es dar criterios. No se puede enseñar el sentido común.

Los que hemos sido párrocos sabemos cuando un comentario muy duro puede ser dicho con caridad y uno estarle muy agradecido al que nos lo ha dicho, y como por el contrari una ligera bromita puede ser dicha con mucha maldad, incluso con odio. Todos los párrocos sabemos quién es un feligrés murmurador y con bilis negra, y quién aun siendo una persona contraria a nuestras ideas es noble.

Son tantas las circunstancias, los modos, los elementos que hay que tener en cuenta que renuncio a intentar explicarlo. La gente con buen corazón sabe cuando alguien tiene lengua de víbora. Cuando alguien edifica y cuando alguien se limita a hacer daño. Yo no me erijo en juez, me limito a constatar que ambas cosas se dan. Y que un comentario produce agradecimiento, y otro comentario produce resentimiento. Que hay posts que nacen del amor y el cariño, y otros posts que nacen del odio y el orgullo.

A nadie se le ha pedido que exista siempre unanimidad. Pero a todo el mundo la Justicia de Dios le exije la caridad, el respeto, y el no juzgar.

No he escrito estos post para atacar a nadie. Cada uno que se aplique lo dicho según su entender y sus buenos sentimientos. La persona con malos sentimientos no suele sentir remordimiento. Ellos están por encima de criterios, consejos y cosas como las aquí dichas.
Pero a los demás, yo les pido que se examinen y que si ven que hay algo que rectificar, que rectifiquen. En algunos no bastaría rectificar, habría que pedir perdón a Jesús, confesarse y hacer penitencia, tratando de enmendar el mal hecho, cosa bastante difícil.

No penséis que exagero. Algún día se descubrirán las cosas y se verá cuánto daño han hecho algunos. Verdaderos zorros en la viña del Señor. Cuanto daño puede hacer la palabra, cuánto daño. Sobre todo cuando esas personas a las que atacaban algunos, tenían sus corazones, sus sentimientos. Cuando la labor de los sacerdotes y obispos, en buena parte, descansa en la buena fama. Cuando ellos se han entregado a servir al prójimo, y han visto como algunos fieles les agredían sin piedad.

Bien. Vosotros habéis juzgado a los ministros de Dios. Pero Dios os juzgará a vosotros.

(Seguirá mañana)

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