domingo, diciembre 12, 2010

Más sobre el cuadro de Alma Tadema

Lo que dije ayer de ese pintor, puede parecer que es algo muy subjetivo, pero cuarenta años de vida me han enseñado (en contra de lo que me enseñaron tantos libros, en realidad todos) que el valor de cada obra de arte es algo muy objetivo. Ahora, a estas alturas de mi existencia, puede decir con la cabeza muy alta que Matisse o Gauguin como artistas no valen nada, así de claro. En realidad, en lo que fueron unos artistas fue en el campo de hacer dinero y de vivir del cuento.

¿Pero por qué hubo tanta gente empeñada en nuestra infancia en convencernos que lo feo era bonito, que lo que pasaba era que no lo entendíamos? Pues bien, ahora lo entiendo y ahora lo puedo decir con toda claridad: fue un fraude. Siempre fue un fraude, pero nadie se atrevió a decir que el rey andaba desnudo.

Recuerdo que este verano fui al Museo Reina Sofía de arte moderno. Salí de allí casi corriendo, como alma que lleva el diablo. Y mirad que entré con las más sublimes intenciones de encontrar sentido a todo aquello. Al final ya no sabia qué hacer para encontrar la salida. Encima aquel complicado museo parecía haberme enmarañado el recorrido para salir, como si se quisiera vengar y me quisiera retener en sus entrañas.

Si el Vaticano estuviera lleno de arte moderno, yo sería el primero en pedir que se vendieran todas en favor de los pobres, para luchar contra el calentamiento global, o para subvencionar a la Asociación Internacional a favor de las Cacatúas Ecuatorianas.

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