lunes, diciembre 20, 2010

Mis andanzas por Jerusalén V


La foto es de la entrada al Monasterio del Monte de las Tentaciones, cerca de Jericó. Pero nada en Israel me impactó tanto como Jerusalén. Estoy deseando volver. Uno de los pocos lugares a los que deseo regresar para rezar.

El casco histórico de Jerusalén, estrecho laberinto infinito de callejuelas, paredes piedra, suelos de gruesas losas pulidas por millares de pasos que diariamente vuelven a acariciar, golpear y rozar sus duras superficies. Mujeres con sus velos en las cabezas, comerciantes que te invitan a pasar desde el umbral de sus negocios, olores a especias, palabras en árabe entre dos ancianos que parece que se gritan, parejas de policías hebreos armados hasta los dientes, hebreos de vestidos de negro que a paso ligero atraviesan una calle musulmana, una losa con inscripciones que indica una estación de la Vía Dolorosa, algunos sacerdotes rusos que se cruzan en mi camino, un armenio católico que me ofrece el mejor precio por una cruz, un ortodoxo griego que me ofrece la última pieza de un icono realmente espléndido, otro que se enfada al comienzo de mi regateo por una pequeña cruz, unos turistas alemanes jovencitos y enamorados que miran un puesto de baratijas. Ciertamente es una ciudad con carácter, única, con un encanto inimitable. Una ciudad muy oriental algo abrumadora para el que atraviesa sus calles repletas de puestos.

(Seguirá mañana)

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