martes, diciembre 21, 2010

Mis andanzas por Jerusalén VI


Durante este viaje a Israel, técnicamente he estado en Turquía. Digo técnicamente porque mi viaje de ida hizo escala en Estambul. Pero todo lo que conozco de esa ciudad es la terminal 3.

También pude estar mucho rato sentado rezando en la gruta subterránea de Belén, en el lugar de la basílica donde la tradición afirma que nació Jesús.

Sea dicho de paso, algo que hay que dar por descontado es la suciedad a la que nos tienen acostumbrados los templos ortodoxos de Tierra Santa. Sabéis como odio las velas eléctricas, invento demoníaco por excelencia, probablemente invento de algún masón. Pero las dichosas lámparas ortodoxas de la llamita con el aceite, por un momento me hicieron anhelar que los clérigos de Jerusalén hubieran conocido las velas dotadas de enchufe.

Los sitios católicos, debo reconocer, se mostraban todos ellos perfectamente pulcros y ordenados. Sí, aquello lucía con una limpieza anglicana. La única cosa de lamentar es la espantosa decoración de la capilla de los franciscanos en la Basílica de la Resurrección: típica remodelación realizada en lo peor de la tormenta estética posconciliar. La decoración ultramoderna de a esa capilla, es algo así como un santo representado con dos pistolas en las manos y una ametralladora colgada del hombro.

Confío que algún hijo de San Francisco lea este post y decida hacer con esa decoración propia de una nave espacial lo que hizo Sansón con el templo de los filisteos.

(Seguirá mañana)

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