lunes, mayo 31, 2010

Es curioso, hoy no se me ocurre ningún título para el post


Hoy he acabado de ver la película El imaginario del dr. Parnasus. Quizá alguien se pregunte cómo un rato de descanso tras la comida y otro tras la cena dan para tanto. Pues sí, dan para mucho. Aunque os confieso que hay truco.

El truco es que con los años veo las películas, como se lee un libro. Es decir, no me considero obligado a ir desde el principio hasta el final, línea a línea, o minuto de visionado a minuto de visionado.

La mayor parte de las películas son malas, no merece la pena perder con ellas ni un minuto. Después hay otras que tienen grandes momentos. Puedes ir directamente a ellos prescindiendo de la paja.

Es la experiencia lo que nos indica el camino hacia los grandes momentos de una película.
Por supuesto hay películas en las que no hay paja, en las que todo, absolutamente todo, tiene una razón de ser. Pero son pocas. Desgraciadamente son pocas. Del mismo modo que hay tantas películas en que puedes ir a unos cuantos momentos esenciales, y ver todo lo que vale la pena en media hora, hay otras películas en que no las valoras bien hasta que no las has visto tres veces, con toda la concentración posible, sin perderte ni un segundo. Hay historias en las que cada segundo cuenta.

Con las vidas pasa lo mismo, hay muchas existencias con mucha paja y pocos momentos que cuenten. ¿La vida de usted tiene mucho relleno?

domingo, mayo 30, 2010


Acabo de ver La cinta blanca. Me ha parecido una buena película, aunque si tuviera que resumirla en una sola palabra, ésta sería plomiza. La fotografía es muy buena, el análisis de los personajes profundo, la película entera está bien, hace pensar. Pero dejar en un guión todo abierto para que la gente piense, ha de hacerse con gracia. La película da la sensación de ser más profunda de lo que realmente es. Y tiene secuencias y planos inacabables que me hicieron lamentar no tener un yo-yo a mano.

La semana pasada vi Hard Candy. Está muy por debajo de La cinta blanca, pero tiene aspectos que son como un formidable magma que un buen cineasta podría haber trabajado hasta sacar una obra sensacional. Me viene a la mente ahora en la formidable labor descriptiva de un Ridley Scott en su Hannibal.

Hace tiempo que no he visto una película que me haga decir: buf, que bien me lo he pasado. Aunque tengo un amigo que sabe de cine, para manteneros en la intriga sólo os diré que sabe mucho de cine, y que me ha hecho una lista. Ya he visto de la lista la única que me aparecía en mi portal de cine gratis (el mejor cine es el gratis) y fue Planet 51, me gustó mucho. Pero ahora me apetece un plato fuere, una película que me haga sentir la emoción de antaño, los buenos viejos tiempos en que uno había vivido una catarsis en la butaca.

sábado, mayo 29, 2010

Demos gracias a Dios por los comics y la música


Mientras escribo este post escucho el comienzo reposado y dulzón del tema principal de El Patriota de John Williams. Después la música que vigoriza, se llena de poder y avanza como un ejército lleno de energía y majestad. Pero ahora todavía los violines reinan con un tempo lento. Ahora comienzan los tambores, a los que siguen las alegres flautas iniciando otro tempo que anuncia los fragores musicales que seguirán.


John Williams es un genio. Le debo tan buenos momentos. Es uno de los seres humanos que han puesto música a mi vida.

Mi pequeña biblioteca digital tiene también la banda sonora de Pleasantville, la formidable Suite de Forrest Gump, la impresionante Black Hawn Down. Últimamente he añadido el tema Alice de Danny Elfman.

Siempre he dicho que la mejor música sinfónica de nuestros días es la de las bandas sonoras. Yo pasé de Beethoven, Mozart y el resto de clásicos, a la música clásica contemporánea, de allí (es decir, años después) pasé a Bach y la música barroca. Y por último he recalado mis barcos en estos últimos puertos musicales.


La música ha sido siempre algo muy importante en mi vida. Siempre he trabajado, leído y escrito con música. Varias horas de música cada día. La obra musical más grande, en mi opinión, que jamás haya sido concebida por la mente humana es la Tocata y Fuga en menor de Bach. Una de las pocas músicas que me tengo prohibido escuchar haciendo otra cosa que no sea escucharla.


Bueno, me voy a acostar. Esa hora en la que las músicas todas cesan y el silencio nos cubre y nos penetra.

viernes, mayo 28, 2010

Leninfort

No es la voluntad de Dios, Padre de todos, que unos sobreabunden en una riqueza a veces inimaginable, y creedme que la riqueza de alguno es inimaginable, y otros trabajen todo el día y no tengan ni lo mínimo para vivir con dignidad.
Lo ideal, lo que era el plan de Dios, era que la riqueza estuviera lo más distribuida posible.

Ahora bien, no estoy diciendo que se deba quitar a los poderosos lo que tienen, no estoy diciendo que tengamos que hacer por centésima vez el experimento socialista, comunista o maoísta, para ver si nos funciona. El mundo ya no aguanta un experimento más, el mundo ya no nos perdona un experimento más.

Se trata de hacer lo que el sentido común dicta: gobernar buscando el bien común.
Son las pequeñas medidas, día a día, las que van repartiendo la riqueza (sin quitar nada a nadie) o concentrándola.

¿Es que no vemos lo bien que han hecho las cosas los países escandinavos? ¿Es que no vemos lo terrible que es vivir en otros países donde la población está sumida en la pobreza al lado de la riqueza más ostentosa que se pueda imaginar?

Lo triste es ver cómo hay grandes países industrializados, ricos y poderosos, donde la codicia, la ambición y la avaricia van tomando posiciones, van avanzando más y más cada año.

Un ejemplo, entre los muchos que se pueden poner, es como en España resulta más difícil hoy día comprar una vivienda que hace cuarenta años. Hemos retrocedido. ¿Por qué? Porque las fuerzas del mercado se han dejado a su libre albedrío, y porque los ayuntamientos han primado sus propios intereses. Es sólo un ejemplo. En otros países es la atención sanitaria, como ya expliqué. En otros países es la misma libertad la que retrocede.

Qué gran cosa es ser gobernante de una nación. ¿Por qué siempre suelen llegar los mismos a esos despachos?

jueves, mayo 27, 2010

Stalinfort


Acabo de ver la película-reportaje de Michael Moore, Capitalismo, una historia de amor. Los anteriores documentales de Moore no me habían gustado, pero éste sí. Su cinta cae en la demagogia pura y dura, pero en su crítica del sistema económico actual dice verdades, grandes verdades. Verdades de ésas que no se escuchan por ningún lado.

A todos los estudiantes de economía, les recomendaría este título sin dudarlo.

Dejando aparte el documental con sus aciertos y sus defectos, alguno debe pensar que como defensor del orden instituido que soy, debo ser partidario del sistema social actual. Pues sí, pero también no.

Es decir, estoy a favor de El Corte Inglés, del Pizza Hut, de mirar escaparates los domingos, de los derechos de los empresarios, y de tantas y tantas cosas más que constituyen nuestro actual sistema. Pero al mismo tiempo cambiaría tantas cosas. (A esta última afirmación se le puede poner un tono ingenuo y cándido.)

Hay tantos principios económicos que damos por verdaderos de forma descontada. Tantas cosas que nadie pone en duda, porque el mero hecho de que nadie se plantea de que puedan ser de otra manera.

En mi faceta de reformista constitucional (suelo dedicar tres o cuatro horas al año a este tema), cuántas veces me he imaginado reformando un país de arriba abajo. Aunque soy consciente de que salvo que sea yo enviado como un nuevo Moisés a alguna isla diminuta de las Antillas, esta faceta quedará relegada al desuso.

miércoles, mayo 26, 2010

Me encanta Blacksad, desde pequeño me han gustado los comics


Una de las cosas que he descubierto este año es el trabajo de los grandes profesionales de la Teología. Hay teólogos, bastante desconocidos, que de un modo callado pero laborioso, realizan estudios teológicos de un carácter tan minucioso como exahustivo, verdaderos monumentos de la inteligencia. A veces leo quince o veinte páginas que me dejan boquiabierto por la filigrana que entrañan esas páginas, porque detrás de esas pocas páginas hay toda una vida dedicada al conocimiento de la materia en la cual el que habla es especialista.


Los que desconocen este tipo de profundidades teológicas fácilmente los descalificarán exclamando: cuestiones sibilinas, cuestiones bizantinas, no sirve para nada. Pero yerran.

Basta elogiar la inteligencia del teólogo, la laboriosidad de una vida dedicada al conocimiento de la Ciencia de Dios, para que alguien tuerza el morro y diga: sí, sí, pero lo importante es la vida.
En otros trabajos, eso no ocurre. Un zapatero hace un bonito par de zapatos, se los enseña al vecino, y éste no le dice: sí, están bien estos zapatos, sí, pero lo importante es el niño que ríe, la rosa que crece al sol, y el amor que triunfa y vive.


Esto, que yo llamo el síndrome del zapatero teólogo, nombre que me acabo de inventar, y esto me lleva una profunda conclusión, pero ahora -lo siento- es mi momento del paseo.

martes, mayo 25, 2010

El de la foto es Mussolini, aunque parezca increíble


Hoy por la mañana gran descubrimiento para mi tesis: un pequeño punto en un capítulo, un punto mínimo, ha resultado ser tan extenso y tan complejo que daría, por sí solo, para una tesis.

He bajado al comida (me estaban esperando los macarrones) bajo la impresión de este impacto intelectual.

Después de la comida y su consiguiente descanso de una hora, de nuevo a la tesis. Al ir hacia la iglesia donde iba a decir misa, he sentido por segunda vez (y eso que el trecho era corto) que el sol de finales de mayo caía como un rayo láser sobre mi calva. La cara se me ha puesto roja con sólo estar al sol un minuto.

Después de la cena, he visto los capítulos finales sobre la República Social de Saló, el pequeño estado títere de Alemania que Mussolini gobernó (trató de gobernar) tras su rescate por los paracaidistas alemanes. Resultan apasionantes las historias de este tipo de regímenes decadentes al borde del hundimiento. Tienen un no se qué de barco a punto de irse a la profundidad del abismo, de edificio que se derrumba.

Dios le dio a Musso la posibilidad perfecta de arrepentirse, de ver con toda claridad todos sus errores. Sabemos por la Historia que optó por repetir sus errores por segunda vez. Y Dios es como si le dijera: así sea.

lunes, mayo 24, 2010

Las células no son malas


Todas las mañanas me levanto en vilo. Lo primero que me pregunto es ¿qué habrá hecho algún cura hoy en alguna parte del mundo?

Somos medio millón repartidos por los cinco continentes. Probablemente habrá algún capellán hasta en el Polo Sur.

Menos mal que los periodistas son buena gente, dispuestos a mirar a otro lado, dispuestos a cubrir con la capa de la caridad aquello que sea preferible callar que proclamar.

Lo cierto es que al ser medio millón, lo que me extraña es que no ocurran más cosas. Tras el desayuno, leo las noticias religiosas. ¿Qué habrán hecho hoy? ¿Alguno habrá querido incendiar Roma? ¿Alguno habrá declarado que el único rito verdadero y válido es el gelasiano-otoniano? ¿Alguno habrá fundado la hermandad lefevriano-stalinista?

Somos muchos, y con que de cada mil curas haya uno que haga las cosas mal, eso da un resultado de quinientos. Es decir, casi dos noticias al día durante un año, sin repetirse, con caras nuevas. Contando con que un cura, a veces, da para tres o cuatro titulares, no es de extrañar que los periodistas coman de su trabajo.

Y eso contando con que ojalá hubiera un cura malo/perverso/malvado por cada mil. Ni el Colegio Apostólico tuvo un índice de éxito tan alto.

En fin, mañana me levantaré y veré que ha hecho algún cura en alguna parte del mundo. Pero la estadística me ha demostrado que las cosas no están tan mal. Si hacemos caso a la estadística, lo cierto es que hay demasiados pocos casos. Algo para que haya tan pocos caso de casi todo. La estadística me reconforta. La estadística es una ciencia mucho más exacta que la informática o la medicina.

Es curioso, acabo de ver que las células tienen también microtúbulos y un aparato de Golgi. ¿Qué habrá sido de la célula del otro día? Prefiero que hablen de células que de curas. De las células, nunca hablan mal. No hay tradición de hablar mal de las células.

domingo, mayo 23, 2010

No querría yo hablar hoy del cloroplasto, ni de los ribosomas.


Domingo por la tarde, paseo dominical por uno de los grandes parques de Roma, uno cercano al Janículo. Un parque como éste, en primavera, siempre me ha recordado algo a una versión urbana del Jardín del Edén. Niños que corren alegres, parejas de enamorados que pasean cogidos de la mano, matrimonios sobre la hierba que charlan tranquilamente mientras el sol les da en la cara. Un rebañito de carmelitas se ha cruzado conmigo y el cura que iba a mi lado. Una a una, iban en parejas, nos han saludado al pasar a nuestro lado.

Después, a la hora de la cena, un italiano nos ha traído una bandeja de pastelillos en un arranque de felicidad porque su partido de futbol había ganado. Creo que ha dicho que era del Inter. A mí eso me sonaba a nada, es como si hubiera dicho: mi equipo es el FLNPRS.

Por la noche, el consabido paseo hasta el Vaticano, a solas, rezando el rosario. Siempre me quedo un par de minutos parado rezando delante de la fachada.
Una de las cosas que este año he hecho todos los domingos, para mí ha sido un redescubrimiento, ha sido guardar el descanso dominical. No lo hacía desde los tiempos del seminario.

A ver si mañana algún obispo dice algo de alguna célula, de cualquiera de las que hay por el mundo. Me gustan ese tipo de polémicas. Aunque claro, yo siempre me pongo del lado de los obispos. La lucha entra las células y los obispos siempre me tendrá del lado de los obispos. Qué se habrán creído las dichosas células.

sábado, mayo 22, 2010

Otra célula, ésta bastante fea por cierto


Hoy he asistido a unas ordenaciones en rito siromalankarés, un rito de la India. No he concelebrado, claro, el rito me era totalmente desconocido. Estábamos siete sacerdotes con sotana y roquete sentados en el bonito coro de la basílica.

Lo peor es que la mayor parte de la ceremonia hemos estado de pie. Y claro, cuando llevas dos horas de pie comienzas a cansarte. Encima, tres días antes, había llevado un pack de seis botellas de agua del supermercado a mi habitación y me dolía la espalda.

En la ceremonia se ordenaban dos diáconos y otros recibían el lectorado y el subdiaconado. Por una de esas casualidades de la vida, tenía sentado a mi lado a un irlandés que fue mi profesor de escatología hace veinte años.

He observado que a los indios les gustan las vestiduras, incluso litúrgicas, con muchos colores y brillantes. Nuestras ceremonias deben parecerles a ellos secas y breves.

Después de la comida, por cierto con mucha hambre, he trabajado toda la tarde en la tesis. La tesis no respeta ni los sábados. Estoy tan contento hoy, por motivos que no vienen al caso, que ya me he olvidado de la falsa polémica de ayer entre obispos y células.

viernes, mayo 21, 2010

La nueva pobre célula y los fieros obispos


Ayer nos desayunábamos con la noticia de que un científico había creado vida en un laboratorio. Me leí la noticia hasta la última letra, para ver si eso iba a cambiar mi jubilación en algo.

Después resultó que vida, lo que se dice vida, no se había creado. Se había hecho otra cosa. No os voy a marear con los detalles.

Pero lo gracioso es que a los periodistas de las agencias les faltó tiempo para buscar, hasta debajo de las alfombras, a un cura, a un obispo, a un secretario, a un canónigo, a una monja, que dijera que eso era terrible y que era como cuando decían que veníamos del mono.

Vamos, que querían repetir lo de Darwin o lo de Galileo o lo de Servet. (A Servet no lo condenamos nosotros, pero como todo el mundo nos lo adjudica, ya doy el asunto por perdido y acepto el muerto como de la familia.)

Pero hete aquí que no, que ningún cura se dejó embaucar. Que los que decían algo, lo decían para felicitar. Tuvieron que usar el calzador y el sacacorchos para encontrar a uno que dijera algo negativo o que pudiera sonar a negativo o que al menos pudiera ser tergiversado adecuadamente. No importa si uno en una entrevista dice cien cosas a favor y, al final, dice algo menos favorable. Lo importante es lograr una frase. Se va en busca no de la opinión, sino de la frase.

Al fin y al cabo, a lo que se iba es a conseguir un titular. Lo importante ni siquiera era la pobre célula, sino poder decir: ya estamos otra vez. En Roma hay miles de curas y una cantidad de obispos curiales impresionante. Varios y muy importantes se mostraron muy elogiosos al conocer la noticia. Pero eso era indiferente. Una vez que las agencias, que una sola agencia, logró la frasecita de marras de dos clérigos, ya tenían la noticia o al menos una pseudonoticia que lanzar al mundo. Después, los periódicos, las televisiones, Internet la rebotarían.
Aunque si la frase de marras es que si cae en manos equivocadas sería devastador, tampoco es como para acusar a la Iglesia de retrógrada. Si después de una entrevista de media hora, todo lo que logró el periodista fue esto, pues vamos.
La otra frase, la de Bruno Forte, pues lo mismo.

Entre nosotros, las agencias de noticias han acabado convirtiéndose en el paraíso de los becarios. Los periódicos no ganan dinero y pagan por sensacionalismo. La noticia no importa, importa el titular.

Hace tiempo que estoy llegando a la conclusión de que lo que había en Sodoma y Gomorra, en realidad, eran periodistas.

jueves, mayo 20, 2010

El de la foto soy yo leyendo hace unos años


Ahora que estoy haciendo mi tesis, debo reconocer el gran cambio que ha habido entre la época en la que hice mi tesina, y la de ahora en la que hago mi tesis.

En aquella época, la labor de la documentación consistía en pasar mucho tiempo en coche hasta una biblioteca, aparcar, ir andando hasta el edificio, buscar el libro en un fichero de tarjetitas de cartón, rellenarlo, dejarlo en la mesa del bibliotecario. Al cabo de un rato, el bibliotecario lo recogía y volvía mucho rato después, lo normal era entre media hora y tres cuartos de hora (si la biblioteca era grande). Después de todo este proceso, comprobabas muchas veces que ése libro no contenía información relevante a pesar del título. Y vuelta a empezar con el proceso, pues en cada vez sólo se podían pedir dos libros. El proceso, como se ve, era desesperante. Y en cada biblioteca había pocos libros que valieran la pena en un tema que fuera una materia muy especializada.

Hoy día las cosas han cambiado de un modo inimaginable. Internet te ofrece las obras completas traducidas o en versión original de los Santos Padres, versiones interlineales de la Sagrada Escritura, te ofrece artículos en pdf de revistas inimaginables que jamás hubieras pensado que existían. Si quiero conseguir el término árabe, como me ha pasado hoy, de una palabra del Corán que tiene que ver con el exorcismo, allí está. Si quiero consultar a uno de los mayores especialistas en algún tema, está a la distancia de un e-mail. Madre mía si ha cambiado esto de hacer una tesis en sólo quince años.

miércoles, mayo 19, 2010

A vueltas todavía con la petición de dinero

En los días pasados, alguno habrá podido pensar que barro para casa. Es decir, que siempre defiendo a la Iglesia. Pero yo me pregunto ¿por qué los gobernantes no le han pedido a los sindicatos que renuncien a parte de su asignación estatal? ¿Eh, por qué no?

Pues la razón es muy simple: el Poder siempre se mete con los más débiles, no con los fuertes. Eso lo tienen muy claro.

Por eso, en las relaciones entre la Iglesia y el Estado, siempre el que se propasa es el Estado. Con el Estado tampoco se propasan los jubilados, ni los sin techo, ni los niños. Se puede propasar con el Estado el que tiene fuerza.

Por eso de entre los mil candidatos a los que tenían para pedirles dinero, justamente escogieron a la Iglesia. Aunque yo ya les sugerí a los del Partido Socialista de Madrid que les pidieran también una contribución a los clubs de filatelia, a la Real Academia Española, al Museo de la Navegación y a la Sociedad de Patafísica.

martes, mayo 18, 2010

Tirando ladrillazos al escaparate de la Iglesia


Cada vez me he vuelto más escéptico de poder. Pero no de los de mi país, sino de los de todo el mundo. Al lado de otros países, Zapa y su cuadrilla me parecen unos santos. Unos santos beatificables.

Los ciudadanos nunca desconfiaremos suficientemente del poder.

El poder continuamente se esfuerza en ocultar cosas de la vista de los ciudadanos apelando a que se trata de una materia reservada. Cuando la misma conveniencia de que exista una catalogación como materia reservada, a la que tan acostumbrados estamos, resulta muy opinable. Nada como el secreto resulta tan dañino al bien común de una sociedad gobernada por el Pueblo.

Pero los gobernantes están tranquilos. Hace tiempo que descubrieron que los resultados del ejercicio del poder, y los resultados en las elecciones, son elementos diversos y sin otra relación que alguna que otra conexión.

¿Aconsejo una insurrección? ¿Una revolución, tal vez? No, lo único que aconsejo es que paguen sus impuestos, que respeten las normas de circulación , que reciclen, y que cumplan con el bonito rito de poner la papeleta una vez cada cuatro años.

lunes, mayo 17, 2010

Es que somos de un egoista.


Hoy el presidente del Partido Socialista de Madrid, Tomás Gómez, alias la Rana Pinocho, ha pedido públicamente a la Iglesia, delante de los medios de comunicación, que ésta renuncie a parte de sus ingresos porque estamos en crisis.

¿Qué puedo decir ante semejante derroche de inteligencia y dignidad de ese señor? Pues que me ha convencido. He enviado 100 euros metidos en un sobre a la calle Ferraz, para que sigan ayudando a los ancianitos menesterosos y a los indigentes sin techo.

Y dado lo bien que administran el erario público, sugeriré al Vaticano que les demos una parte de nuestros tesoros faraónicos. Esos que tenemos escondidos en unas bodegas subterráneas con lago incluido. Les podríamos enviar, por ejemplo, alguna tiara de tela y bisutería de las que se guardan en el museo de la sacristía, o la carroza de buena de León XIII.

También podríamos alquilar el Vaticano para que hicieran en ella una Casa del Pueblo, por lo menos una vez al año. También podríamos pedir a los canónigos que trabajaran en su mes de vacaciones de agosto como picapedreros en los arcenes de las nuevas carreteras del Ministerio.

Incluso la Plaza de San Pedro es un clarísimo ejemplo de despilfarro eclesiástico en tiempos de crisis. Ese terreno estaría mejor empleado si plantáramos allí patatas para enviarlas a los pobres de Etiopía.

Vamos, la propuesta de ese señor (amigo del alma de ZP) es como si cuando hay sequía, nos dijeran que ya está bien de gastar agua con tanta pila de agua bendita a la entrada de las iglesias.

Pero es que en España, cuando las cosas se les ponen mal a los socialistas, siempre les da por lanzar un ladrillazo contra el escaparate de la Iglesia para que se hable de otra cosa que no sea de sus grandes aciertos al frente de la cosa pública. Pero que de todo lo dicho, nadie piense que tengo algo de animadversión a ZP. No sea que por criticar ese comentario me digan que no soy demócrata, que no acato las reglas del juego, o que no sé cuál es mi papel en la sociedad.

domingo, mayo 16, 2010

Sus últimas palabras antes de morir


Ya comenté en otro post las últimas palabras histórics de Cardenal Wolsey. Ya sabéis que soy fan-fanático-superfan de la película Un hombre para la eternidad.
La historia del cine, a veces, produce buenas películas y a veces peliculones. Ésta es un peliculón en toda regla. No hay palabras para elogiarla suficientemente. El único modo de elogiarla es verla, porque la película es el mejor elogio de ella misma.

En lo que nunca había caído en la cuenta, es en comparar las últimas palabras del Cardenal con las de Tomás Moro. Palabras que fueron históricamente así.

Las últimas palabras de Wolsey fueron:

Had I but served God as diligently as I have served the King, He would not have given me over, in my grey hairs. Howbeit, this is my just reward for my pains and diligence, not regarding my service to God, but only my duty to my prince.

Y ahora comparémoslas con las últimas palabras de Moro justo antes de subir al patíbulo para encontrarse con la muerte:

I die the Kings good servant, and God's first.

Es curioso, detrás de las palabras del cardenal había toda una vida. Detrás de las de Moro, también había una vida. Las últimas palabras de ambos condensaron sus existencias. Las del cardenal fueron tristes, las de Moro triunfantes.

sábado, mayo 15, 2010

Un día otoñal en los comienzos de la primavera



Al levantarme, he comprobado que he perdido 200 gramos. El desayuno ha consistido en el consabido pan con tomate. Mañana trabajando en la tesis. Después de la comida, he acompañado a una visita española hasta el Vaticano. He esperado media hora en la cola para entrar, rezando el breviario bajo el paraguas. No era tarea fácil apoyar el paraguas en mi hombro para pasar página. Las gotitas finas caían sobre las delgadas páginas de tanto en tanto. Tras media hora, le he dicho a la persona que debía volver a mi collegio a seguir trabajando. La persona ha estado esperando una hora más para poder entrar. He concelebrado en la basílica junto a la que vivo. Allí he cantado el aleluya. Yo mismo me he sorprendido al escuchar lo bien que sonaba con el eco de las altas bóvedas. De hecho, me han dado ganas de seguir cantando. Después hemos ido a cenar a un restaurante tailandés con esta amistad. Me he comido espinacas con sésamo, un pez con forma romboidal que en inglés se llama Turbot, y de postre un helado de té oscuro, que me ha sabido a truenos. Al volver a mi casa me apetecía ver un reportaje en youtube. Un reportaje italiano sobre Musolini. Pero mi Internet es desesperante. Llevo 47 minutos de conexión y sólo se han descargado seis minutos del reportaje. Ha llovido todo el día. Un día gris, fresco. Ya he tomado mis cucharadas de Nocilla. El día está muriendo. Leeré un poco en la capilla antes de irme a la cama.

viernes, mayo 14, 2010

Ese tiempo que sigue pasando II


(Sigue del post de ayer)

La cúpula de San Pedro, por el contrario, es tan atemporal. Como un peñasco contra el que choca el oleaje del tiempo. Cada vez que la veo, me recuerda justamente lo contrario al río del fluir de los meses y los años.

Cuando por la noche, tras la cena, uno se pone en la plaza justo en el centro, delante de la puerta, tanto cuanto dejan acercarse las vallas de madera, uno tiene la impresión de que lo importante es lo que representa el edificio. Que al lado de esa mole, no importan tanto ni Papas ni prelados. Estos parecen personajes secundarios que desfilan en medio del protagonista principal que es el edificio.

Por supuesto, el edificio es un signo, como una proferida palabra que ha quedado escrita, como una impresionante palabra esculpida, labrada. Esa palabra es la IGLESIA, la Iglesia de Dios, la Santa e Invencible Iglesia. Si para decir una palabra se necesitan unas cuantas sílabas, unas cuantas letras, unos cuantos sonidos efímeros. Para decir IGLESIA hemos necesitado miles de toneladas de piedra, mármol, ladrillo. Pero al final el signo está allí para quien quiera escucharlo. Sí, ciertamente, al lado de este edificio-palabra, los personajes humanos fugaces parecen menores.

jueves, mayo 13, 2010

Ese tiempo que sigue pasando


En los días pasados, en mi tiempo de descanso de después de la comida y la cena, he visto los documentales que hizo la RAI hace años sobre la vida de los últimos Papas. No ha sido tarea rápida, pues de cada Papa había varios capítulos de una de duración cada uno. He necesitado muchos días, pero me los he visto todos con gran placer.

Curiosamente hoy he visto las primeras imágenes en movimiento que se tienen de un Papa. León XIII aparece en ellas distendido, feliz y, por qué no decirlo, algo inmerso en su propio mundo pontificio.

Pero lo que más me fascinaba de esas imágenes, era darme cuenta, una vez más, que todos los que allí aparecían, habían desaparecido hacía ya mucho tiempo.

Habían quedado congelados en el tiempo, petrificados en sus imágenes en movimiento. Cualquier joven que allí apareciera, nos sonriera con una cabeza llena de ilusiones, hace ya mucho que es polvo dentro de algún sepulcro. Éste siempre es un pensamiento que me impresiona. La primera vez que me di cuenta de esto en toda su profundidad, fue viendo una película de los Hermanos Marx hace años.

Con frecuencia lo vuelvo a recordar, y esas imágenes cobran un nuevo sentido para mí. No sólo me muestran lo que veo (personas orgullosas, edificios inaugurados, belleza radiante en rostros de juventud femenina que sonríen tímidas a la cámara, desfiles jactanciosos de ejércitos ya pasados), sino también el tiempo, algo tan difícil de captar en toda su profundidad, en todo su abismo.

miércoles, mayo 12, 2010

Lluvia, noche y paseo


Hoy un paseo antes de irme a la cama. Un paseo por una Roma de calles y monumentos lavados por las lluvias de todo un día. Humedad en el ambiente. La temperatura justa para empezar a sudar bajo la sotana. Muy poca gente por la calle. Me alegro mucho, me apetece siempre ir meditando en estos recorridos nocturnos, siempre de una hora de duración. Paseando y hablando con Dios. La noche se presta para hacer revisión del día, del año y de la vida. Una revisión nada atormentada, la verdad. Una revisión a medio camino entre Memorias de Adriano y una versión atenuada del Kempis.

Siempre me produce un gran placer cruzar el Tiber por el Puente de Sant Angelo. Después la impresión de la monumental fachada del Vaticano a lo lejos: iluminado, grandioso como una pirámide, enmarcado por la avenida, solitario a estas horas.

Ayer nos visitó un cardenal al collegio. Nos ofreció un retiro de medio día, no se quedó a cenar. No era un cardenal cualquiera, era el Vicario General del Vaticano y Arcipreste de la Basílica de San Pedro. Predicó bien, sin ninguna pompa, de forma muy sencilla. Bueno, me marcho a hacer mis últimas oraciones. Ay, sigo llevándome la Nocilla del desayuno a la habitación tras la cena. O dejo los dulces o acabaré como Juan XXIII.

Obedecer o echarse al monte


La doctrina y el espíritu que surgió del Concilio Vaticano II fue un verdadero viento fresco del Espíritu. La parte tradicional del clero y los fieles fue obediente, sumisa y se esforzó sinceramente en entender en qué cosas podían mejorar, qué cosas podían aprender de los tiempos modernos. Con dolor o sin él, la parte tradicional de la Iglesia, los hijos fieles, dijeron: Tu es Petrus. Y no dieron ningún problema. Sólo unos pocos exaltados se echaron al monte.

Pero ya antes del Concilio laboraban fuerzas de desobediencia, de contestación, de rebelión, aunque ellos cubrieron esas palabras bajo el término de aperturismo, palabra que parecía hacer perdonar todos sus pecados. Esas fuerzas de las que abominaron el hermano Pedro y el hermano Pablo en sus epístolas, esos pastores-desorientados se desbordaron en los años 70.

Y así, la justa renovación litúrgica se tornó en muchos casos en extravagancia. El respeto a los sucesores de los Apóstoles, se transformó en mofa. Las cosas más sagradas de la Iglesia fueron profanadas públicamente por sus mismos defensores y custodios. Los dogmas fueron enseñados en muchas aulas sólo para ser criticados.

Todo esto no fue una excepción, ocurrió con mucha frecuencia en todos los rincones de la Iglesia. Uno de los poquísimos lugares de la Iglesia donde esto no sucedió fue en la parte sufriente de ella, en el lejano Este de Europa; en esa época lejanísimo. Habían sufrido demasiado como para ahora caer en la trampa de los curas-socialistas. Las iglesias perseguidas fueron monolíticamente fieles a la Tradición y al Vaticano II, sin fisuras. De allí buscó el Altísimo un servidor que pusiese solución. Pero ésa es otra historia.

Mientras tanto, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I hicieron lo que pudieron con todo el amor del mundo, con toda prudencia, con prudencia pero con firmeza. Se les recuerda como lo contrario al dogmatismo y a la autoridad, pero les recuerdan así, porque así quieren recordarles. Mas la lista de ocasiones en que ellos dijeron hasta aquí hemos llegado, es nutridísima.

Ellos también dieron un golpe sobre la mesa muchas veces, y dijeron basta cada vez que consideraron que algo no podía tolerarse. Nadie suele recordar que el obispo Albino Luciani, después Juan Pablo I, ante un pueblo que le desobedeció en su diócesis porque quería que el coadjutor sucediese al párroco difunto, no sólo les dejó sin párroco, sino que fue al pueblo con los carabineros y se llevó el Santísimo Sacramento de la iglesia. Los curas-obreros de Milán siempre echaron pestes de su patriarca, futuro Juan Pablo I, que en cuestión de fe y obediencia se mostró inflexible.

Todas estas reflexiones no son meras remembranzas de los años 70 y 80. Debemos aprender del pasado y no repetir los mismos errores.

lunes, mayo 10, 2010

El Papa Montini


Hoy me gustaría decir unas palabras sobre un gran papa: Pablo VI.

Un Papa que no satisfizo ni a unos ni a otros. Para unos siempre se quedó muy corto, según la situación le superaba. Le tocaron unos tiempos verdaderamente tempestuosos. Supo poner las manos en el timón de un modo admirable, de un modo mucho más inteligente de lo que lo eran sus críticos. La Historia demostrará que sus supuestos defectos no fueron falta de comprensión de la realidad, sino un conocimiento de ella superior al de todos aquellos que pensaban: si yo estuviera en su puesto lo hubiera hecho mejor.

Los más tradicionales (no digo tradicionalistas) querían que diera un golpe en la mesa. Pero en la vida pocas cosas se arreglan dando un golpe en la mesa. Los más progresistas nunca le tuvieron simpatía, él siempre era un obstáculo. Los más progresistas, en sus respectivas senectudes, nunca reconocieron que Pablo VI tuvo más visión de futuro que ellos, llegando en cada cosa al punto justo, al punto prudente; como un experimentado director de orquesta que sabía hasta dónde se podía llegar, sin caer en la disarmonía.

Impresionante su discurso sobre el humo de Satanás. Hasta hoy nunca lo había escuchado entero. Sencillamente impresionante. Basta escuchar esa alocución para entender hasta qué punto Montini era un pastor, un maestro espiritual, un gran hombre.

Pablo VI celebró misas en las fábricas, viajó y viajó, fue humilde, fue un renovador, un hombre perfecto para un tiempo de cambios profundos. Ortodoxo hasta la médula, pero una mente perfecta para realizar cambios.

Los tradicionales creen que debió haber dado un golpe en la mesa. Podía haberlo dado, y hubiéramos tenido un cisma de los progresistas más amplio que el de Lefevre y en todas las diócesis. Los progresistas creen que era un mar de dudas, pero eso no era así: sus escritos, sus homilías, su mismo carácter psicológico, todo en él era firme.

No quiero ni pensar lo que hubiera hecho en su puesto otro hombre amante del aplauso, con ganas de pasar a la Historia. Fue el hombre de Dios para ese momento justo del devenir de la Iglesia.

Señor, líbranos de las superestrellas. Líbranos de los grandes protagonistas. Señor, da el timón de tu Iglesia a hombres prudentes, sencillos y espirituales como a ese clérigo Montini que tomó el nombre del apóstol Pablo.

domingo, mayo 09, 2010

Fortea bajo tierra


La foto de hoy me la hice en Nueva York.

Hoy he ido a la Basílica de San Pancracio con otros dos compañeros del collegio. Magnífica caminata: el Janículo, la vista de Roma, monumentos. Pero lo que no me esperaba es que un amabilísimo carmelita nos enseñara unas catacumbas cerradas al público. Os puedo asegurar que la experiencia de entrar en unos túneles cuya llave sólo la tienen unos frailes, es impresionante.

También nos han enseñado la inagotable biblioteca del Teresianum. Nos han invitado a comer. Los carmelitas nunca pasarán a la historia por su gastronomía.

Y aquí acaba otro domingo. Siempre tengo la sensación de que lo podría haber aprovechado mejor. De que podría haber hecho mejores cosas. El tiempo se nos escapa, después lo lamentamos. Pero ya se ha ido.

Hoy me gustaría haber leído más alguna novela, haber dedicado más tiempo a la Biblia, haber dado un paseo cortito tras la cena, tantas cosas. A veces, tengo la sensación de que la vida pasa y no aprendemos. De que la misma lección la tratamos de aprender una y otra vez, pero que es como escribir sobre la arena de la playa.

Mucha gente debe pensar que tengo un gran orgullo de mí mismo. Pero conforme pasan más años, más veo mis propias limitaciones, las barreras que no logro escalar, la lista de propósitos siempre vivos por nunca superados. Eso sí, nunca me grito.

Aquí miras a cualquier ventana y te encuentras con esto. Es broma. Ésta es una ciudad antigótica.


Hoy he dado un largo paseo, tres horas, con mi mejor amigo de Roma. Un paseo entre callejuelas, al lado del Tiber, hasta el Vaticano, por Vía del Corso y por muchos lugares más, tres horas dan para mucho.

Como siempre, hemos hablado de cuestiones eclesiásticas. Me imagino que los médicos hablan de cuestiones médicas, y los abogados de cuestiones legales.

La visión de los asuntos eclesiásticos que tiene mi amigo, me gusta: es equilibrada, moderada en todo, humana, razonable y humilde. Sabe escuchar, no impone nada, siempre está alegre y no se cansa por más que andemos. Esta última cualidad es muy difícil de encontrar.

Al escribir estas líneas, me acabo de acordar de pronto que hará mi buen amigo Gerardo. Gerardo, párroco que fue de Nuevo Baztan, experto reparador de relojes antiguos, amante de la pintura, agasajador de sus huéspedes, rebosante de humor de andaluz, comensal de nuncios, y compañero mío de arciprestazgo durante casi un decenio.

Gerardo como compañero de mesa no tiene rival: sus chascarrillos, sus gracias, su gracejo. Los que tenían la suerte de estar a su lado no paraban de reírse. Aunque Gerardo para lograr la plena expresión de su arte me necesitaba a mí. Porque en el arciprestazgo él representaba el ala más dura del postconcilio, mientras que yo representaba la ley y el orden. Éramos como el ying y el yang, como Peter Pan y el Capitán Garfio. Ay, aquellas reuniones, ya no volverán. Nos estamos haciendo viejos, Gerardo. Parece lejano, pero ya me veo en un futuro hablando de cómo avanza mi artritis, mi reuma, o que estoy probando mi primer andador. Aunque creo que lo peor de la crisis de los 40 ya ha pasado, me siento mejor, por lo menos un poco mejor. Ya no me duele tanto todo.

jueves, mayo 06, 2010

Rezando el breviario en el coche


En la foto se me ve rezando mi breviario en el coche, en un trayecto de Newark a Brooklyn.

Odio leer en el coche, pero tengo que aprovechar los trayectos. No sabía que me habían hecho la foto.

Alejo el libro porque soy hipermétrope. Lo digo porque parece que he puesto el libro así ha posta para que me hagan la foto. Tampoco me gusta encorvarme sobre el libro como el Jorobado de Notredame. No sabía que me habían hecho la foto.

Pero tampoco sé para qué doy tantas explicaciones. Al que no le guste el padre Fortea que se vaya a la entretenida y apasionante web de la Conferencia Episcopal Española.

Me he pasado todo el día (hoy en Roma) haciendo gestiones varias. Pasando al ordenador las notas que había escrito en mi pasado viaje, respondiendo e-mails, pasando notas a mi agenda, escribiendo cartas, organizando cosas para próximos viajes. Ahora ya está todo dispuesto y mañana retomo mi tesina.

En mi imaginación la retomaré con el entusiasmo con el que en los dibujos animados el personaje agarra el pico y horada un túnel a una velocidad de vértigo. Los hombres del siglo XXI somos hijos de muchos capítulos de Bugs-Bunny y de Correcaminos.

Aunque mucho me temo que mi labor mañana no será la del personaje del pico, sino la del paciente hilador que va tejiendo su tapiz uniendo cabos, dando puntadas y sujetando con los dientes alguna que otra cita.

También he ido al supermercado. Desgraciadamente, además de con agua también he vuelto con una bolsa llena de, digámoslo así, sweet things. Bien es cierto que no tenía un propósito muy definido acerca de si comprar o no esas cosas tiernas que tanto endulzan mi vida.

miércoles, mayo 05, 2010

Nocilla antes de acostarme


La foto es de Nueva York, de mi último viaje. No tiene nada de especial, aunque es la vida misma. Antes de ayer llegué a Roma.

Hace poco he bajado a buscar un poco de Nutella al comedor. La Nutella es la Nocilla de los italianos, en mi collegio la ponen para el desayuno, tras la cena, pero a mí me gusta tomar algo dulce antes de acostarme. Y allí estaban, tomándose un café, un rumano con tres italianos. No he tardado en integrarme en un debate acerca de Adán y Eva, es decir un debate sobre las formas literarias.

Bonito debate en el que el rumeno dominaba la filosofía moderna, no en vano es su especialidad. El italiano que llevaba la voz cantante no sólo hablaba con palabras, sino que también argumentaba con las manos. Los italianos tienen un modo muy exuberante de hablar y acompañarlo todo con la mímica, las manos y el cuerpo entero, que se adelante, se balancea, retrocede y vuelve a la carga.

Los otros dos italianos se mantenían en retaguardia, ora dando la razón a uno, ora dándosela a otro. Después se ha agregado un croata, pero la batalla ya tocaba a su fin y cada uno retiraba sus cadáveres.

En todas estas conversaciones, discusiones, debates y tertulias uno siempre aprende, se ve la universalidad de la Iglesia, la abundancia de escuelas y las diversas mentalidades. Ahora son las 21:34. Dentro de unos minutos me daré un paseo hasta el Vaticano antes de irme a dormir.

martes, mayo 04, 2010

Esta foto es la prueba


Esta foto es la prueba de lo que yo decía hace algunos post: que frente a lo que dicen algunos, los eclesiásticos de ahora no son los peores de la Historia.

Y a las pruebas me remito. Sólo hay que ver las caras de los eclesiásticos que aparecen en esta fidelísima foto del siglo XVIII. Hasta los soldados parecen haberse contagiado de una cierta maldad.

Y no sabemos qué dice el dichoso papel que le presenta el cardenal, pero seguro que es otra maldad.

Siendo tan malos como somos, no me extrañaría que las leyes tras declarar ilegal el velo islámico, poco después declaren que llevar una mitra también es anticonstitucional.

Los siguientes en la lista serían los canónigos, máximo exponente del antiguo régimen. Un canónigo es un reaccionario en potencia, lleva la inconstitucionalidad escrita en la cara. La Ley de Libertad Religiosa debería ponerlos en su lugar, pero no por nada, sino para aumentar la libertad de los ciudadanos.

Cloro al clero, pero no por manía, sino por la libertad y todo eso.

lunes, mayo 03, 2010

Bendita Roma

Despues de un largo viaje por Ecuador y Estados Unidos, la verdad es que estoy deseando volver a pisar las calles de Roma. Hecho de menos sus fuentes, sus calles retorcidas, estrechas y llenas de gente. Mi collegio con sus rutinas, con sus expertos teologicos. Mi habitacioncita con sus praderas teologicas. Soy un hombre no de aventuras, sino de horarios fijos.

Roma para mi es algo mas que la sede del guardian de la fe, es algo mas que el suelo sagrado de los martires, es mucho mas que la acumulacion bimilenaria de arte, piedras, estatuas y pinturas, es mi hogar.

Para mi Roma es otra cosa totalmente diferente de enciclicas, es una habitacion donde sentarme a escuchar musica, un comedor con caras conocidas, unos recorridos fijos para pasear. A los cuarenta y dos agnos uno desea esas costumbres fijas, y no que nos muevan mucho de una terminal a otra.

domingo, mayo 02, 2010

Temas para no sacar en la cena, salvo que quieras estropearla

Las cenas aqui invariablemente comienzan a las seis de la tarde. A esa hora abren las tiendas en Barbastro tras la siesta del mediodia. Hay luz en la calle y te da la sensacion de que te has sentado a cenar en mitad del dia.

Temas favoritos para estropear una magnifica cena cuando estoy en Estados Unidos:

Que opina usted de la reforma del sistema sanitario?

Padre, no esta de acuerdo en que Obama es un marxista estalinista/leninista?

Yo para arreglar las cosas suelo decir algunas palabras acerca de la Guerra Hispano/norteamericana. Para esos momentos ya solemos estar en el postre, con lo cual las cosas tampoco pueden ir mucho peor.

Aunque si quieres acabar de rematar las cosas siempre se puede sacar a colacion el tema de Vietnam.

sábado, mayo 01, 2010

US airports

Ayer me pase todo el dia en el aeropuerto. En teoria se iba a tratar de un viaje corto. Primero hubo una larga espera en la pista de despegue. Despues se recalento algo del motor y tuvimos que bajarnos del avion. Varias horas de expertos tecnicos revisando las turbinas. Despues nos invitaron a tomar lo que quisieramos por valor de diez dolares en pizza hut. Al final, nos volvimos a embarcar. Un dia entero en el aeropuerto. Llegue a las nueve y media de la noche.

Pero estas cosas me las tomo con la mayor de las tranquilidades. Viajar supone aceptar estas cosas. Las terminales para mi tienen un cierto encanto. Bien saben los que me conocen lo que me gustan los lugares de comida de los aeropuertos, con sus colores vivos, sus rotulos iluminados y la gente zampando pizzas. Me divierte pasear con mi maletita rodante a mi espalda y ver el panorama. Paseo de arriba abajo una y otra vez para hacer algo de ejercicio.

En Estados Unidos siempre me meten en un lugar especial, porque como voy con sotana me cachean a conciencia. Ya lo doy por supuesto el cacheo y me someto con la mas encantadora de mis sonrisas.