domingo, octubre 31, 2010

En el Bronx

Evelyn, siento no haberte llamado. Pero hasta ahora no he llegado a la casa donde me hospedo. No he querido hacerlo al levantarme, para hacerlo con tranquilidad al llegar a casa por la tarde. No pensaba llegar tan tarde.

Ha sido un dia lleno de cosas, pero con mucho fruto. Pues con gente con tanta fe siempre hay fruto.

La charlas, las he dado con un jesuita, han sido en un gran teatro donde cabian mas de dos mil personas. Un teatro muy curioso, antiguo y con unas reproducciones neoclasicas/eclecticas de edificios europeos en los dos flancos de la gran sala. El teatro Paradise.

Aqui ya ha comenzado un frio invernal. Menos mal que me habia traido el abrigo grueso. Es Hallowen, todos los nignos del Bronx iban disfrazados. De vez en cuando algun segnor me preguntaba si lo mio era un disfraz: no, segnor, yo soy un sacerdote de verdad.

Ah, se me olvidaba, un delicioso desayuno de tortitas con mermelada de blueberries. Como esto siga asi, voy a volver con el peso de Juan XXIII.

sábado, octubre 30, 2010

Supongo


Es de suponer que he llegado a Nueva York. Aunque en realidad no lo sé. Y esto que digo es absolutamente verdad, porque escribí este post el día antes de partir para que se publicara de forma automática mañana. Un mañana que para vosotros es hoy. Aunque dependiendo del día en que leáis el blog, puede ser ayer.


Mi futuro es vuestro presente en este post. Lo que es imposible es que mi futuro sea para vosotros un futuro más lejano. Sí, no me lio. Mi futuro (en este post) es vuestro presente, pero no puede ser un futuro mayor para vosotros que para mí.


No sé si habéis visto la película Atrapado en el tiempo (Groundhog day), a mí me gustó mucho. Lo malo del tiempo es que pasa, aunque eso también es lo bueno. Pero vamos lo que quiero decir es que hoy he llegado a Nueva York. O por lo menos eso espero.

viernes, octubre 29, 2010

Aquí se me ve en mi habitual labor de salvar libros


Bueno, al final, hoy me ha encontrado con la persona con la que tenía una cita la semana pasada. Esa cita interrupta a la que nunca llegó. Resulta que él la había apuntado para el martes, mientras que yo la apunté para el lunes. A mí me gusta decir la última palabra, así que le dije: ¡pues el que te equivocaste fuiste tú!


La comida en su facultad, en la que es vicedecano, fue agradable. Hay que hacer notar que la comida cuartelaría de las facultades es comparable a los almuerzos cistercienses de mi collegio. O sea, que pecar de gula se hace muy difícil.

Mañana parto para Estados Unidos. Hoy se impone acercarse a la librería para ver qué novela escojo para el vuelo de avión, un vuelo inacabable de diez horas. He decidido en los próximos años ir leyendo todos los premios Nobel de literatura, en sentido regresivo. Es decir, empezando por los últimos. Ya que me parece que ahora el comité sueco tiene más elementos para tomar la decisión y una visión más multicultural que cuando comenzaron a dar premios.

Ya os contaré cómo es viaje por esa larga lista. Necesitaré muchos viajes de avión, muchas tardes sosegadas de domingo, muchas noches de agosto, para llegar al final. Pero al blog pongo por testigo de que mañana comienzo.

jueves, octubre 28, 2010

Pretérito pluscuamperfecto y presente perfecto


De nuevo de noche, de nuevo escribiendo este post en este comedor vacío y oscuro a estas horas después de la cena. Ya la última tertulia se ha ido disipando dejando en silencio los alrededores de esta mesa.

Una vez que el post aparezca en mi blog, me iré paseando hasta el Vaticano. Un paseo silencioso, tranquilo, meditativo. Una magnífica conclusión del día. A las 11.15 leeré la Biblia hasta que me vaya a acostar.

Leo algunas noticias eclesiales. Me sorprendo. Nunca he entendido qué idea tienen algunos de la obediencia y, en definitiva, de la Iglesia. Al final, siempre es lo mismo: lo personal deforma la santa simplicidad de unos dogmas, de un mensaje, de una vida que es tan sencilla.

En mi vida he hecho de la obediencia no una virtud, sino una estrella que guía mis pasos. Su luz me da calor, me da seguridad, me conforta en los peores momentos de mi pasado. Jesús era obediente. Jesús era obediente, se hizo obediente, llegó a la obediencia usque ad mortem.

La vida al final se reduce a una obediencia a la conciencia, al superior, al Magisterio, a Dios. Y no hay contradicción entre estas cuatro realidades. Sino que entre las cuatro reina un orden y una armonía admirable y perfecta, pudiéndose llegar a decir que son, en cierto modo, una misma cosa en lo que a esta virtud se refiere. Siendo la conciencia, el superior y el Magisterio canales de un mismo Dios. El mismo orden que reina en la naturaleza, reina en la Iglesia.

miércoles, octubre 27, 2010

Más pretérito

Aquí estoy yo escribiendo mi post en una mesa del comedor. Detrás de mí hay una interesante discusión entre una decena de residentes y el rector. El tema: si se continúa celebrando la misa en latín una vez al mes o no. Se hizo una votación y hubo una total división de opiniones con una gran mayoría de abstenciones. Yo estoy escribiendo este post, de vez en cuando me vuelvo y digo alguna cosa. Pero en la discusión esencial no intervengo. Cuarenta años de edad me han enseñado a no meterme en cuestiones que ni me van ni me vienen.

Yo rezo el breviario en latín, y cuando celebro misa privada lo hago siempre en esa misma lengua. Pero respecto a este asunto soy bastante indiferente. El comedor está vacío, sólo el corro de la gentil discusión está de pie en un extremo de la amplia sala. Yo estoy sentado escribiendo, de tanto en tanto me vuelvo.

Ahora habla el sacerdote de Galilea. Nos dice que la misa en su rito, el melquita, se celebra la misa sólo una vez a la semana, aunque dura varias horas.

martes, octubre 26, 2010

Pretérito perfecto


Hoy he comido pan con tomate. He puesto la ropa a lavar. He pronunciado en francés una palabra. He probado un poco de chocolate. He ido a una tienda de fotocopias. Me he puesto una mantelleta de lana con capucha para la lluvia. He ido al supermercado a comprar agua. He conversado con un cubano. He conversado con un mexicano. He comido pulpo. He vuelto la vista para ver un obelisco. He andado rápido para llegar a un sitio. He reído. He visto unos minutos sueltos de una película. He escuchado un poco de música religiosa. He ordenado mis libros por temas. He agrupado papeles varios que se me habían acumulado. He encontrado un impreso. He pegado dos sellos. Me he peinado porque se me habían alborotado los pelos de ambos lados. He celebrado misa con devoción. He hablado con texano. He comido mandarinas. He colgado la ropa para que se secara. He mirado desde una ventana hacia el Vaticano. He trabajado. He rezado el oficio. He hecho oración mental. He rezado el rosario. He traducido. He cantado. He hecho mi cama. He apagado mi ordenador. Ahora me voy a dormir.

lunes, octubre 25, 2010

Seguimos con el arte de fastidiar al projimo, aunque esta vez sin culpa. O por lo menos sin demasiada culpa.


Hoy he ido a una cita con cierto profesor de cierta universidad, habíamos quedado para comer juntos. La razón era que ese profesor era de mi curso en el seminario. Cuál ha sido mi sorpresa al ver que el tiempo pasaba y el antiguo compañero no aparecía. Finalmente he regresado a casa. Sea dicho de paso, en mi collegio ya no podía comer, la hora había pasado y la cocina se cierra (con llave) pasados unos quince minutos de recogidas las mesas.

Cuando regresaba en esta mañana lluviosa y gris, y sin comer, a mi habitación, pensaba lo que significa una cita.

Cuando quedas con alguien en un sitio a una hora, confías en esa persona. Quedar supone confiar.

Es cierto que la memoria falla, pero curiosamente nunca olvidamos citas con un cardenal o con un obispo.

Yo tengo muy mala memoria, pero como dice mi madre: tú tienes mala memoria para lo que quieres.

Y tiene razón. Nunca olvido una cita, siempre sé dónde he dejado un libro, o un bolígrafo o dónde tengo tal dato en mis laberínticos archivos del ordenador.

En el fondo, tiene razón. Ahora me acabo de acordar de que tengo que ir pensando en qué comprarle a mi madre y a su marido el día de Navidad.

En los últimos años siempre he comprado lo que los lectores me han sugerido. Pues me habéis sugerido cosas originales y buenas. Sugeridme, leeré los comentarios hoy. Recordad que hace dos años me sugeristeis que les comprara a los dos una buena (muy buena) botella de vino (muy buena significa muy costosa). Al año siguiente seguí el consejo de comprarle a mi madre un foulard, que le encantó. ¿Y este año qué le compro? Soy todo oídos. Y mientras no me pidáis que le compre un camello o un botijo os haré caso.

domingo, octubre 24, 2010

Del arte de fastidiar al prójimo

Hoy he ido con otro compañero sacerdote hasta la Basílica de San Clemente, una preciosa pequeña basílica del siglo IV, una verdadera reliquia iba a decir viviente. Bueno, no está viviente, pero casi.

El caso es que me he equivocado de camino, y he tardado 50 minutos en llegar a pie. Bueno, hemos tardado en llegar, porque éramos dos. Cuando hemos entrado, muy feliz le he preguntado a un dominico de unos 40 años y tez morena que allí estaba si podíamos concelebrar. Sin inmutarse me ha contestado que estaba esperando a alguien y que no podía buscar las dos albas que necesitábamos.

La contestación era tan sorprendente que repetí lo que me había dicho por si no le había entendido bien. Pero sí, le había entendido bien. Aunque insistí en el tema con la mayor diplomacia que pude, se mostró inflexible: tenía que esperar a alguien y no podía ir a buscar las albas. ¿Y no hay nadie encargado de la sacristía que pudiera hacerlo? Yo soy el encargado de la sacristía.

Bien, no había ningún problema. Al fin y al cabo sólo había sido una hora para llegar a la basílica y algo más de media hora de vuelta.

Debe ser un gran placer ser Papa y poder coger el teléfono y decirle: Mañana parte usted para una comunidad de dominicos en el Sáhara. ¿Qué le gusta el calor? Pues le envío a Ucrania.

En fin, si me está leyendo el superior general de los dominicos (como me imagino que lo estará haciendo), confío en que le envíen como encargado de los establos de alguna comunidad en Brubruzhsisghistán.

sábado, octubre 23, 2010

Los traidores


Ayer, meditaba el versículo del Evangelio que dice: he aquí que el que me traicionará se aproxima (Marcos 14, 42). Esas palabras las dijo Jesús en el Huerto de los Olivos.

Me di cuenta de que para profundizar en ese versículo, lo tenía que mirar en su original griego. Cuando lo hice, cuál fue mi sorpresa al ver que la palabra el que me traicionará en realidad decía el que entrega estando al lado (paradidous en griego).
De pronto comprendí que los sacerdotes somos los que entregamos el Cuerpo de Jesús. O lo entregamos para alimento de los fieles a través del amor, o lo entregamos a la Pasión a través de la traición.

Además, le entregamos estando al lado. Estamos al lado de Él en el altar, en el seguimiento de su vida.

El término el que entrega acabará siendo un sobrenombre de Judas. Que se menciona diez veces en el Nuevo Testamento, una vez por cada Mandamiento que trasgredió.
También me llama la atención la similaridad entre la palabra paradidous (traidor) y paradeisos (paraíso). Qué pena ver, a veces, que una realidad se convierte en la otra. Que la vida que podía haber sido un paraíso sobre la tierra, se convierte en una traición.

viernes, octubre 22, 2010

La noche se ha echado sobre nosotros, por lo menos a esta hora.

Bien, sí, lo reconozco. Ayer me pasé de azúcar. Fue un post tan dulce que espero que ningún diabético lo leyese. Digamos que se me fue la mano. No es que dijera nada que no sintiese. Pero no sé muy bien como el post no se desbordó en una maravillosa explosión de crema pastelera con gominolas, formando encima un arco iris de bellos colores y todo el conjunto rodeado de estrellitas.

Escribo este post un viernes por la tarde después de la cena. Un momento bastante propicio a la tristeza. Porque uno piensa que los viernes por la tarde tendríamos que organizar algo todos juntos. Pero no. Cada uno o se va a su habitación, o algunos se marchan a tomar una cerveza. Y a mí no me gusta para nada ir a bares y similares. De forma que estoy en el grupo de los que se quedan en un collegio silencioso en el que las luces se han apagado y los pasillos desiertos han quedado oscuros. Un paisaje interior bastante parecido al El Resplandor. Aunque en versión de palazzo italiano siglo XVII.

Bueno, hoy leeré la Biblia un rato antes de acostarme.

jueves, octubre 21, 2010

Hoy ha sido un buen día


Muchas gracias a Rocío, la buena amistad que desde Nueva York que me ha enviado como regalo de cumpleaños un Mazinger Z de tamaño mediano con todos sus complementos. Honestamente, era la última cosa que me esperaba encontrar en un paquete.

Muchas gracias a Evelyn, otra persona de Estados Unidos, que me envió varios libros. Desgraciadamente el agente de aduanas no se convenció de que fuera un regalo y pasó por la sección de pago de impuestos.

Muchas gracias a mi médico favorita de Madrid que siempre me regala cosas todo el año como si viviera en un cumpleaños continuo.

Muchas gracias a todo el grupo de amigos que este verano ha compartido conmigo tantas cenas en el campo y en casa. Han sido muy buenos momentos. Quizá éste haya sido el año en que más he sentido la suave y agradable brisa de la amistad.

Muchas gracias a todos los que estáis ahí, en algún lugar del mundo. Por vosotros escribo.
Ah, gracias a Hollhoper que hoy me ha enviado un interesantísimo artículo que incluiré en mi tesis.

Por si fuera poco, hoy he ido a una tienda del Vaticano y al darme unas monedas me las han dado con la efigie del Papa, son euros del Vaticano. Bueno en este caso céntimo.

Le doy gracias a Dios por todo. Todo me va saliendo bien. Dios me bendice. Cada día es un día agradable. Cada jornada es un gozo. Me gusta mi trabajo, me complazco mi descanso. La vida está resultado bella y buena conmigo. Mentiría si dijera otra cosa. Vivo en una bella ciudad, en un bello edificio, mi trabajo me encanta: Dios es bueno conmigo.

Pero tampoco penséis que todo el monte es orégano. Hoy todo ha salido bien, pero quizá mañana tenga que decir algunas palabras sobre la mala señal de Internet en el collegio, o que he engordado medio kilo, o desdichas similares.

miércoles, octubre 20, 2010

Noches romanas

Perdonad que os haya dejado sin post día y medio, pero es que el tema de Internet en mi collegio supone un verdadero calvario, que no sólo me afecta a mí. El nuevo rector nos ha asegurado que se ha puesto manos a la obra y que gastará para que se resuelva.

Ayer le tuve que explicar al residente de la habitación de al lado que tengo una característica: soy sonámbulo.
Tuve que explicárselo porque el lunes me levanté a medianoche y cerré la ventana (me gusta dormir con la ventana abierta, también en invierno) y cerré con llave la puerta. Nótese las complicadas operaciones que uno puede hacer dormido. Pues busqué las llaves en el armario, abrí la bolsa-llavero en la que las guardo y cerré la puerta.

El martes por la noche, soñé que me había dormido en una cama adosada a la pared de un edificio, pero adosada por la parte de fuera. De manera que estaba suspendido a varios pisos de altura. Y golpeé el muro para que alguien me metiera dentro. En realidad el muro que golpeaba era la delgada pared de mi habitación. El residente de al lado debió pensar algo muy raro. Lo único que no se esperaba era que alguien golpeara la pared en medio de la noche.

Todo esto me animó a compartirle esta característica de mi vida. He visto en youtube que hay perros sonámbulos. Hay un galgo que dormido sueña que corre, y que finalmente se levanta, corre y se golpea contra la pared.

Es decir, hay mamíferos que son sonámbulos. Yo soy un clérigo sonámbulo. Me imagino que habrá habido algún Papa sonámbulo. Lo que os aseguro es que no caminamos por los techos, con las manos delante y los ojos cerrado. Tampoco vamos con un camisón y un gorro de noche.

lunes, octubre 18, 2010

Fortea y el Vaticano III


(Sigue de ayer)

Continuamos nuestro viaje por el pequeño estado: más Guardia Suiza, la única gasolinera del Vaticano, obispos del Medio Oriente yendo y viniendo, el cardenal Kasper con su fajín rojo y abrigo negro, la hilera de coches del presidente polaco abandonando el lugar. Por supuesto entramos a comprar unos sellos. Ninguna visita está completa sin comprar unos sellos. Y después, por fin, nos sentamos en un restaurante. Todos dimos un gran suspiro al sentarnos y todos comimos como náufragos hambrientos.

El dueño del restaurante, un poco pícaro, abusando de que las varias esposas del grupo habían hecho unos pedidos un poco caóticos y contradictorios en un italiano bastante inventado decidió traer comida para alimentar a una legión. Se dieron cuenta de que allí había comida para alimentar a toda la Guardia Suiza y esposas cuando ya hartos descubrieron que las pizzas y platos de pasta seguían llegando.

Fue en ese momento cuando me atreví a decir: os lo dije. Pero es que varias mujeres habían hecho la petición de platos superponiendo las órdenes desde distintos lugares de la mesa y diciendo a todo que sí cuando el camarero preguntaba algo. El camarero era perro viejo, estaba acostumbrado a lidiar con turistas sin conocimiento alguno del italiano, así que tampoco él tuvo mucho interés en recapitular. Sólo yo me hice consciente de la marea de comida que se nos avecinaba. Me limité a advertir tímidamente nuestro exceso. Y a mitad de la comida a indicar un os lo dije.

domingo, octubre 17, 2010

Fortea y el Vaticano II


(Sigue de ayer)

Cuando mi amigo llegó a buscarme fuimos a la zona del Palacio de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Allí nos esperaban un cónsul y su esposa, que se unieron al grupo. En seguida nos encontramos con el alemán que tenía la autorización para mostrarnos todo.

Y así comenzó el largo periplo: el Colegio Teutón, la Casa de Santa Marta, el Gobernarato de la Ciudad del Vaticano, la parte de atrás del ábside de la Basílica, jardines y más jardines, la antigua estación de tren del Vaticano (que era preciosa) y que hoy día es un pequeño mercado, la gruta de Lourdes (en versión romana), a mí incluso me gustó más la versión romana que la francesa, hasta me dió más devoción, la zona exterior de los Museos Vaticanos, el pabellón de caza, otra fuente más (había tantas que perdí la cuenta), la Capilla Sixtina vista por fuera.

Todo lo vimos desde fuera, sin entrar a ningún edificio. Al mercado vaticano sí que animé a todos a que entráramos. En él había un poco de todo, sobre todo cosas de electrónica porque no pagan impuestos. Menos que no entramos en los edificios (tampoco podíamos), porque al final de la mañana yo ya estaba agotado. Nunca pensé que el Vaticano pudiera cansarme, pero así fue. Habían sido tantas horas con tanta acumulación de cosas que ya no me cabía nada más. Encima, con tanto andar, yo tenía un hambre endiablada. No dije nada, porque existe un mito muy arraigado de que los exorcistas apenas comen. En realidad, yo soy demonólogo, expliqué.

sábado, octubre 16, 2010

Fortea y el Vaticano


¿Sabéis lo que hice el pasado sábado? No os lo imagináis. ¡Recorrí el Estado Vaticano de arriba abajo! Sólo me faltó entrar en la ducha papal, pero poco más.
Resulta que el día anterior me llamó un buen amigo y me dijo: ¿quieres visitar los Jardines Vaticanos? Cómo es lógico se trataba de una pregunta retórica, por supuesto que quería visitar esos jardines que había visitado alguna vez a treinta kilómetros de distancia desde el satélite de Google Map.

Así que al día siguiente allí estuve, junto al obelisco de la Plaza San Pedro a la hora fijada. Durante unos veinte minutos tuve la sensación de que el amigo que me llamó se había equivocado de hora, porque por allí no apareció nadie, y yo no llevo móvil fuera de España.

Pero veinte minutos después y cuando ya iba por la mitad del Oficio de Lecturas, apareció el que acompañaba a mi amigo. Resulta que estaba buscando dónde aparcar. Después ya llegó el pequeño grupo de españoles, cinco personas. Como ellos iban a visitar primero la cripta y después la Basílica, les dije que les esperaba haciendo un rato de oración en la Capilla de San José, la capílla donde está el sagrario en San Pedro del Vaticano.

Sea dicho de paso, cuando entré saludé a monseñor Blazquez. Me hizo ilusión. Porque, aunque apenas conozco nada de él, siempre me ha parecido una buena persona.
Después vi que habían cortado al paso del público la zona circundante al Altar de la Confesión. Resulta que estaba de visita el Presidente de Polonia. Yo le vi por detrás, rodeado de guardaespaldas y de un séquito de acompañantes.
Yo me quedé haciendo la oración en la capilla del San José.

(Seguirá mañana)

jueves, octubre 14, 2010

Estoy en la Plaza de San Pedro


Estoy en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Tengo delante la fachada de la basílica. Es de noche, he cenado y me he venido paseando hasta aquí. Estoy todo lo cerca que uno se puede acercar a este templo una vez que está cerrado. Unas vallas de madera me impiden aproximarme más. Estoy en el centro de la valla, justo delante de la puerta principal. A mi izquierda tengo el Palazzo Apostolico. En una de las habitaciones ahora mismo está durmiendo ya el Papa.

En los edificios de mi izquierda y de mi derecha se van repartiendo los despachos donde trabajan distintos departamentos del Vaticano. Un coche de carabinieri monta guardia en la parte derecha de la plaza. Todas las noches el coche aparca ahí. Cansados los dos guardias de uniforme gris, a ratos salen a pasear por la plaza.

En la plaza siempre hay grupos de turistas, de peregrinos, algún que otro sacerdote, alguna pareja de religiosas. Los sonrientes grupos de adolescentes siempre son ruidosos. Algún obispo pasa fugazmente por la Plaza de Pío XII hacia alguna de las residencias donde se hospedan.
La Via de la Conciliazione está tranquila después del movimento del día. Sus dos fuentecillas continuan manando agua, día y noche. Sus tiendas de objetos religiosos, sus librerías, cerradas.

Yo rezo en el centro de la plaza. Es curioso que haya tenido que venir a Roma para encontrar a Dios de un modo más profundo. Otros se van al desierto, a un monasterio, a la naturaleza. Debo ser de los pocos a los que esta Urbe les produce el efecto un efecto espiritual tan fuerte y tan duradero en el tiempo.

Otros en el Vaticano se escandalizan. Ya veis, a mí me produce el efecto contrario.

miércoles, octubre 13, 2010

Forty in Rome

Recién llegado a Roma me recibió el calor de verano de esta ciudad mediterránea. Dejé un Madrid en el que el otoño castellano con su frío ya había llegado para no marcharse. Dejé un Madrid frio y lluvioso, llegué a una ciudad todavía en verano.

Cuando llegué en el taxi a mi collegio todo me era conocido: el edificio, las calles, el recorrido desde el aeropuerto, la escalera por la que se subía hasta la residencia sacerdotal. Nada que ver con la primera vez, hace un año, en la que me enfrentaba a lo desconocido. ¿Cómo me recibiría el rector, cómo serían los estudios, cómo sería mi vida allí?

Lo primero de todo fue ir al desván a recoger las diez cajas donde había guardado mis cosas. Cuando metí las cajas en mi habitación, fue como jugar al Tetrix. El espacio era tan reducido, que para meter una caja en un sitio o sacar las cosas de una caja, había que hacer espacio moviendo otra caja encima de otra. Organizar la habitación no fue tarea de una hora, sino de varias horas repartidas entre esa tarde y la mañana siguiente.

Después descubrí que Internet seguía sin funcionar bien en el collegio. De hecho tengo que escribir esto en un ordenador, meterlo en un pendrive y con mucha paciencia tratar de colgarlo en otro ordenador mío en la sala de espera de huéspedes. Labor larga, lenta y enojosa por las continuas interrupciones de la transmisión de datos.

Por eso, todos los que me escribaís correos, sabed que los contestaré lentamente en los próximos días o semanas según la urgencia del e-mail.

Lo primero que hice tras la cena fue ir andando hasta el Vaticano. Allí recé lleno de fe, sabiendo que tras esos muros, tras esa fachada renacentista está el cuerpo del Apóstol que escuchó directamente a Nuestro Señor mientras estuvo visible en la tierra. Lo demás os lo explico mañana.

martes, octubre 12, 2010

Fortearius

Como estoy recién llegado a Roma, llegué el domingo, permitidme que mi post hoy sea visual. Mañana escribiré, pero hoy deleitaos con la belleza incontestable de estas imágenes.

http://elcanonigorampante.blogspot.com/

Un saludo

lunes, octubre 11, 2010

Roma, Roma.




Hoy he puesto dos fotos. La de mi primera salida a Roma hace un año, y la de mi salida rumbo a Colombia hace un mes.

Siempre que tomo un avión, voy a la capilla a rezar un poco. Según la hora de mi partida, celebro misa allí.

Dejé un Alcalá lluvioso, gris. El otoño con su nostalgia se había enseñoreado de las calles hace tan poco luminosas, llenas de turistas, de movimiento, de alegría.

Ya nada me retenía en mi querida Alcalá. La tesis me esperaba. Y me esperaba en Roma. No en cualquier parte del mundo, sino allí. Los libros habían sido reorganizados colocándolos en sus lugares en los armarios, los papeles habían sido archivados, las ropas plegadas en los armarios. Los últimos préstamos de las bibliotecas devueltos. Todo olía a partida.
Como siempre, y esto puede sonar retórico, mi viaje era hacia Dios. Viajaba a la Urbe en busca de Dios, de una relación más profunda, más intensa, con el Creador. En mi caso sé que tenía que ir allí. Dios está en todas partes, pero sabía que yo debía ir a esa ciudad en concreto. Los libros, al fin y al cabo, son papeles. Papeles manchados de tinta. Sólo Dios justifica los esfuerzos, los viajes, el estudio, el abandonar una casa por una pequeña habitación.

Un viaje más en mi vida. El número de viajes está limitado, es un número finito aunque lo desconozcamos. Un viaje más se resta a la lista. El Dios que conoce la lista completa, seguro que me mira indulgente.

domingo, octubre 10, 2010

Pensamientos borgianos


Quizá parezca que ensalzo demasiado la escritura en mi anterior post. Pero la escritura es el contenedor del pensamiento. Dios mismo ha manifestado su pensamiento a través de la Escritura. Estoy seguro de que el Creador se complace en todas las artes.

Algunos divinizan las cosas humanas finitas y llegan a idolatrarlas. He conocido idólatras de la literatura, del cine o de la pintura. Pero, en el caso de Borges, la vida serena del pensador que fue, estuvo completamente alejada de la vanidad de la idolatría. Para él, la literatura fue una búsqueda de la sabiduría, de la felicidad. No una idolatría, sino un camino, una forma de vida. El camino estuvo rodeando siempre a Dios, sin llegar a Él. Borges es la prueba de que sólo la gracia lleva a Dios. El mero conocimiento se muestra impotente para crear la fe.

Aquellos que tenéis fe, agradecédselo a Dios y protegedla. Porque ella es un regalo divino. Si la perdéis no sabéis si la recuperaréis.

sábado, octubre 09, 2010

La relación entre Borges y el Nobel


Borges obtuvo algo más grande que el reconocimiento del Nobel, la admiración de todos los que han ganado el Nobel. Todos los Nobel de Literatura hubieran deseado ser Borges. Todos hubieran cambiado el Nobel por las diez páginas de la Biblioteca de Babel.

El Nobel se consigue por votos. Las breves páginas que componen la Biblioteca de Babel o La Casa de Asterión no se consiguen por votos. Su conferencia sobre la ceguera, sus reflexiones sobre los colores vistos desde la ceguera, valen más que la obra literaria de una vida entera de algunos Nobel.

Por si esto fuera poco, Borges con su tranquilidad, con su falta de ambición, con sus comentarios corteses, se hizo el mayor homenaje a sí mismo.

Los jueces coronan cada año a un Nobel de Literatura. Los Nobel de Literatura, todos juntos, han coronado a Borges.

La vida de ese escritor (su vida, no sus páginas) es todo un canto a un trabajo dedicado a la calidad, a la suprema perfección del arte de escribir/pensar. Ninguna concesión a aquello que para otros escritores constituye su pan de cada día: la obra comercial sin pasión. He dicho antes que una cosa era su vida y otra sus páginas. Pero en su caso lectura/vida/escritura se identifican.

El Premio Nobel


Ahora que han entregado el Premio Nobel de literatura, me gustaría decir algunas cosas sobre Borges y el Nobel. Tema sobre el que ya he escrito anteriormente, pero acerca del cual no voy a repetir nada que ya haya dicho antes.

De hecho hablar de este tema para mí siempre ha sido interesante, pues no es tanto el tema de Borges y el que no le concedieran el premio, como la injusticia de la grandeza humana no reconocida por sus semejantes.

No debería sorprenderme de que a ese gran escritor no le concedieran el Nobel de Literatura, cuando a Gandhi no le concedieron el Premio Nobel de la Paz. No concederle a Gandhi ese premio resulta increíble, cuando si hay alguien que se lo haya merecido desde la fundación del premio es precisamente él.

Como excusa, los jueces dijeron que Gandhi estaba nominado ese año. Pero ya era anciano. Habían tardado y tardado para su verguenza. Y llegaron tarde. No es que el premio le llegara tarde a Gandhi, es que los jueces llegaron tarde. Tarde para siempre.

¿Le importaba algo el premio a Gandhi? Absolutamente nada. Si había alguien por encima de las pequeñeces de este mundo, era aquel asceta. ¿El premio le hubiera añadido algo? Nada.

jueves, octubre 07, 2010

Adios, verano


Bueno, se acaba mi verano. Un verano que para mí se ha prolongado hasta hoy, hasta los umbrales del otoño. El domingo ya retorno a la Urbe, regreso al centro del cristianismo. Mi vuelta junto a la cabeza de la Iglesia. Al lugar donde confluyen todos los caminos de las iglesias. Suena a retórico, pero no puedo falsear mis sentimientos.

Mi verano me ha defraudado totalmente. Me había impuesto una serie de tareas. Entre ellas sacar adelante el último capítulo de mi tesis, estudiar todos los días italiano y unas pocas cosas más. Desgraciadamente, cada día ha habido algo que hacer. Tampoco tengo la conciencia de haber perdido el tiempo. Pero las tareas diocesanas, la casa, los viajes de apostolado, muchas pequeñas cosas me han apartado de mi mesa de trabajo. Ha sido todo un verano. Todavía no entiendo adónde se ha ido el tiempo. Quizá el trabajo no requiera sólo de semanas, sino también de lugar. Hay lugares donde la quietud de ánimo es propicia para el trabajo. Y lugares que no.

Tampoco espiritualmente este verano me ha satisfecho. Comencé mi estancia el 16 de junio en Alcalá con muchos deseos espirituales, buenos deseos. Todo ha quedado en propósitos. Llegué muy consciente de que debía encontrar el sentido espiritual de mi tiempo en casa. Pero, al final, ha sido un verano muy humano.

Sí, no puedo evitar regresar con una sensación de amargura. La culminación ha sido la limpieza odontológico-inquisitorial que padecí ayer. Eso sin contar con que mi médico me ha dicho esta semana que padezco una hernia discal. La resonancia no engañaba. No sólo vi en la pantalla la hernia, sino que el disco intervertebral estaba negro. Deshidratado, dijo el médico. Añadiendo que eso era normal y que eran cosas de la edad.

Entre el dentista y usted me están alegrando la vida, pensé. Ahora, la nevera está casi vacía. El congelador sólo guarda cubitos de hielo, ya inútiles. El billete de avión ya está sobre la mesa. El domingo se aproxima cada hora. Tendré una cena de despedida con los amigos el sábado. Me espera una magnífica velada con ellos: risas, bromas, la típica ensalada de langostinos, y yo (como siempre) imitando a Dart Vader con una copa, esa imitación es ya un clásico.

Hoy he sufrido mucho


Hoy he pasado las de Caín: limpieza bucal. Resulta que a la mayoría de las personas esta limpieza anual no les hace ningún daño. Pero a algunas sí que les produce dolor. Y a otras con los dientes sensibles les hace mucho daño. Como ya podéis imaginar yo estoy en la tercera categoría.

Os aseguro que ha sido una media hora eterna. El dolor ha sido apocalíptico. El dolor ha sido tal, que la dentista ha optado a la mitad por ponerme anestesia en todos los dientes de la mitad de la boca.

Eso sí, la dentista lo ha hecho con el mayor cariño del mundo. A ella era imposible pedirle que lo hiciera mejor.

Aun así, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. O por lo menos no se lo deseo más de dos o tres veces al año.

Siempre me ha costado entender por qué el Creador no dispuso que tuviéramos los dientes como algunas especies de lagartos, que les van saliendo por hileras. Se caen y ya está.

Lo digo en broma. La dentadura humana es muchísimo más perfecta. Pero yo sufro. Eso sí, como siempre sufro en silencio.
Lo más gracioso es que ha habido un momento en el que en ese potro de tortura he estado a punto de exclamar: ¡está bien, está bien, confesaré, lo confesaré todo!

miércoles, octubre 06, 2010

Almorzando y cenando


(La foto es de mi último viaje a Brasil)

Hoy he visto otra media hora de una película a la hora del almuerzo, y otra media hora a la hora de la comida. La película es la segunda vez que la estoy viendo. Un título que demuestra lo que es el cine como arte, el cine hecho con cariño y con oficio. La película que estoy viendo es El curioso caso de Benjamin Button.

Mi parte favorita de ese film es cuando la voz en off dice: y si el taxista no hubiera parado a tomarse un café, y si la caja de bombones hubiera estado envuelta, y si la dependienta no hubiera sido abandonada por su novio, y si no hubiera perdido el primer taxi. Es un momento que, en medio de una película de casi tres horas, no dura más allá de medio minuto, pero que es de una densidad irresistible, casi opresiva.

Una cosa que no me gustó de El amor en tiempos de cólera era que si el director había decidido hacer una película mala, ¿por qué encima aburrirnos durante dos horas?

Justamente lo contrario en la de Benjamin Button. La película es larguísima, pero no te das cuenta, deseas que la película siga y siga. El tiempo no se siente. Nada hay superfluo. La película es larga porque hay que contar cosas.

El arte de contar historias es importante. Dios mismo es un sublime contador de historias. Dios está detrás del genio del Panteón, de la belleza de las pirámides, del Libro de Kells. Dios está detrás de toda belleza. A Dios le gusta toda la belleza, y la inspira y la hace posible.

domingo, octubre 03, 2010

El aspecto de Karl Marx


Para un calvo barbilampiño como yo, Marx es un buen ejemplo de riqueza capilar, de abundancia en melena, barba y cejas. Eso no es una barba, es una selva. Allí probablemente había hasta guerrilla.

Cuando le vi, por primera vez, con todo ese pelo creí en el paraíso socialista. Pero no. Las cosas no son como las pintan. Él que predicaba el reparto y la lucha contra las diferencias, nunca cedió ni un solo mechón de pelo ni siquiera a los que leímos El Capital. Todo mi pelo para mí: esa frase no aparece en ninguna de sus obras, pero así fue. De forma que el marxismo ya comenzó mal. Por lo menos para los calvos, mal.

Pusieron el Sputnik en órbita, lograron hacer micrófonos-espía increíblemente reducidos, derrocharon fortunas en ballet, en estaciones de metro-operísticas, en todo tipo de investigaciones científicas. Pero en investigar en una revolucionaria (nunca mejor dicho) loción para calvos no gastaron ni un miserable rublo del presupuesto nacional. Y eso que si lo hubieran logrado, todos hubiéramos dicho: cayó el muro, el comunismo no funcionaba, sí, sí, pero ellos acabaron con los calvos.

Le he preguntado a Masiá si tiene algún remedio budista o pseudocristiano para que vuelva a brotar la vida sobre mi cabeza. Me ha dicho que me vaya al infierno. Una semana después me ha enviado un engrudo negro en un frasco. No sé si ha sido una reacción misericordiosa de su caridad, o se trata de un refinado ardid para su venganza definitiva. Creo que probaré primero con la punta de un dedo a ver si sale humo.

Se lo preguntaré mañana a Arregui. Aunque cualquiera se fía de los franciscanos. No me atrevería ni a meter la punta del dedo meñique en el frasco.

La huelga: apologia pro Zapatero II


Los sindicatos son absolutamente necesarios. Como muy bien dice Marx en El Capital, las fuerzas del capital por sí mismas hacen que los ricos sean cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. El liberalismo se devoraría a sí mismo, si no hubiera fuerzas que lo contuviesen y encauzasen. Durante años fui seguidor de las tesis económicas de la Escuela de Chicago. Después volví a conocer a Keynes. Aprendí a valorar en su genialidad el Great Deal de Roosevelt. Dicho lo cual, repito que los sindicatos son necesarios.

Pero hay que afirmar bien alto y bien claro que los sindicatos de España protegen los derechos de los trabajadores, sí, pero ante todo protegen sus propios derechos, los de los sindicatos. Y siempre que ha habido que elegir entre el bien de la clase trabajadora o el bien del sindicato, han optado por el sindicato.

Los sindicatos españoles son unas empresas. Empresas que se dedican a producir una determinada imagen. Imagen que les sirve para extender su red de influencias. El Estado entero les paga no porque quiera, sino a la fuerza. El Estado entero les paga porque así lo determinan los gobiernos (tanto populares como socialistas) porque son conscientes de que mantener esa red de influencias cuesta dinero. Y si uno decide no pagar o simplemente recortar el dinero entrante en el sindicato, entonces la red de influencias es usada contra el gobierno. Es así de claro. No es sencillo, pero sí así de claro.

Los sindicatos llevan años y años bloqueando medidas que serían de gran beneficio para crear puestos de trabajo, pero que supondrían un ligero deterioro de su poder. Cualquier economista conoce esas medidas. Las cuales están basadas en el sentido común, aunque no resultan comprensibles para el común de los mortales. Razón por la cual ningún gobierno ha osado iniciar una guerra por unos temas en los que la población no les iba a apoyar. Ante la opinión pública, la lucha entre medidas económicas que no son fáciles de explicar y la demagogia, gana la demagogia.

Es triste ver cómo los medios de comunicación no se han hecho eco de los escándalos, cuando estos han afectado a alguno de los dos sindicatos mayoritarios. Algunos de esos escándalos han sido impresionantes. El de la PSV de la UGT fue de los que marcaron historia. Pero los periódicos no han mostrado mucho interés que digamos. Los periódicos no tienen especial afición a criticar a los grandes bancos o al Corte Inglés (no tengo ni idea de por qué), pero mucho menos a los sindicatos.

Bueno, mañana vuelvo a los gatos y a Masiá. Pero quiero dejar bien claro que las decisiones de los sindicatos nos afectan a todos. Por el bien de los sueldos de unos pocos sindicalistas, millones de personas seguirán sin trabajo este año y el próximo.

Por eso, cuando vi como atacaban esos sindicalistas malos a Zapatero, mi legítimo presidente, derramé dos lágrimas. Las cuales las conservé en mi lacrimarium como Nerón cuando lloró al ser informado de la muerte de Petronio.

sábado, octubre 02, 2010

La huelga: apologia pro Zapatero


Unos días atrás hubo una huelga en España. O como se dice en la película Amistad: ese reino mágico llamado España. Y no dije ni una palabra.

No dije nada no sólo porque éste es un blog dedicado a los gatos, a Masía, a mis sueños (nocturnos), a lo bello que es vivir en Roma y a mi progresión (ineluctable) en la pérdida de peso, de peso corporal. No sólo por eso, sino también porque el susodicho hecho obrero (lo digo con ironía lo de obrero) me cogió por otras latitudes. Y en Brasil el tema de la huelga hispana sonaba a algo tan lejano como la Guerra de los UGT-Boers o la Rebelión de los CCOO-Boxers.

Pero ahora sí que me gustaría decir bien claro que yo nunca apoyé esa inútil huelga a mayor gloria de los sindicatos. Estuve al lado de mi presidente, como tiene que ser.

Mis lectores pueden estar seguros de que si en algo tengo que apoyar a Zapatero, es que Zapatero se lo merece. Creo que cuatro años de blog han demostrado que no tengo una tendencia a cerrar filas con mi príncipe, por usar una terminología tomista.

Se me puede acusar de muchas cosas (e incluso de más cosas), pero no de una tendencia a ponerme de lado de ZP.

Lo que sucede es que la situación económica de España, por si alguien no se ha dado cuenta, es bastante mala. Algo sé de economía. Con cierta humildad, o sin ella, quiero hacer notar que en este blog se predijo con bastante claridad cuando tocaría fondo la crisis, cosa que hice con dos años de antelación. Así como el año en que tendríamos el primer índice positivo en el PIB. Y en los dos pronósticos no me equivoqué.

Bien, lo cierto es que en los últimos años hubiera deseado no saber nada, y vivir feliz escuchando los sedantes partes de la Moncloa, asaz aplacadores. Y porque algo sé de economía, quizá veo con más claridad que buena parte de la población lo que está pasando. Y lo que está pasando es que mientras todos están yendo hacia delante, mientras todas las economías avanzan, nosotros en 2009 tuvimos un retroceso del PIB del -3.6.

Al que no sabe esto le parecerá un número inofensivo, algo así como si las sardinas bajan de precio. -3.6 no parece un índice terrorífico al que no sabe nada, pero en verdad es un número terrible. Y más terrible en medio de una situación de salida de la crisis en todas partes. En todas partes donde hay gobernantes responsables que toman las medidas mínimas. NINGUNA de las cuales se ha tomado.

Nuestro hombre admirable de la Moncloa, el Gran Timonel de la sonrisa, ha decidido hace ya tiempo no hacer nada que le reste un solo punto de popularidad. Si se hunde el país que se hunda, pero él no hará nada que le reste puntos en las encuestas.

Resultado, tras casi ocho años de estar en el primer puesto europeo de crecimiento (época del PP), desde que llego él hemos pasado a estar en la cola del crecimiento europeo, y con vocación de seguir en ese puesto.

Aunque la gente no se entere, las cosas están tan mal que cuando tomó las medidas absolutamente mínimas que llevaron a la huelga, era porque era realmente necesario. La gente no sabe de economía, pero el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo, sí. Y le han dicho las cosas por activa, por pasiva y por perifrástica. Pero él como si oyera llover. Eso sí, ha decidido dar más discursos. Y eso que le vino a ver en persona el Presidente del Fondo Monetario Internacional. Y le vino a ver para decirle que se había pasado cinco pueblos y que ya era hora de empezar a ponerse las pilas.

Eso y la llamada de Obama fueron las gotas que le motivaron a hacer una reforma mínima, completamente desproporcionada por su pequeñez con respecto a todo lo que habría que hacer para evitar que las inversiones se estén marchando a todas partes, menos al Reino de España.

Pero el problema era que los sindicatos por cuestiones de marketing tenían que protestar, que moverse, que demostrar que servían para algo. Los sindicatos españoles son empresas de imagen. La imagen y no otras razones es lo que hacen que la gente se afilie o no. Si siempre están inactivos, da la sensación de que no hacen nada. Regularmente hay ofrecer actividades a su público, con razón o sin ella.
Un sindicato que no protesta cede terreno ante un sindicato más reivindicativo. Es una dinámica cruel, pero así funcionan las cosas. Ellos iban a protestar por lo que fuera y ante lo que fuera, tenían necesidad de echar a la gente a la calle. Tenían la necesidad de enarbolar banderas, de dar discursos, de salir en las primeras noticias de los telediarios para decir bien claro: estamos aquí. Pura imagen. Puro teatro.

Por eso, cuando esos hijos de Lenin arremetieron contra mi pobre presidente yo me apiadé y derramé un par de piadosas lágrimas.

viernes, octubre 01, 2010

De vuelta a casa


(La foto se tomó en un auditorio de Caracas.)
Bueno, ya estoy en casa. Mi viaje por Colombia, Venezuela y Brasil ha acabado. Atrás quedan puntos en el mapa, puntos con nombres, puntos con las decenas de miles de personas a las que conocí, estreché la mano o vislumbré entre la multitud.

Bogotá, Medellín, Barranquilla, Tunja, Caracas, Valencia, Fortaleza, Sao Paulo. Miles de kilómetros, docenas de horas en aviones, en terminales. Sí, ya estaba deseando retornar a casa.

He conocido un hotel muy bueno, varios hoteles normales, favelas, dos colitis, la ansiedad de saber que mi tarjeta de crédito me la había dejado en la maleta facturada, el ataque de los mosquitos, el calor que no te deja dormir, las muchas horas de carretera, el dolor de garganta por hablar demasiado tiempo.

Pero el balance es gratificante para mí. Este tipo de viajes me recuerdan tanto a los viajes de San Pablo. Mil veces más duros los de él. Aunque, afortunadamente para Pablo, bajo un tempo más relajado.

Sí, la predicación siempre es una alegría. Y todos los esfuerzos de los viajes valen, al final, la pena. Ahora la tesis. Ahora a los cuarteles de invierno. Reclusión en mi scriptorio. Después de recorrer climas y latitudes, toca en los meses siguientes recorrer otro mundo, el de la Teología. Otras latitudes invisibles, otros caminos, los de la razón humana investigando la Ciencia de la Divinidad.

Adiós América. En pocos días, Ave Roma. Aquí el tiempo justo para hacer maletas, para dejar papeles firmados, mis libros se siguen extendiendo por el mundo. Los últimos países en que he publicado, Polonia y Brasil. Dios me ha concedido una vida bella. Nunca me he quejado.

Ahora sólo deseo regresar a mi habitación romana, a mi mesa. Para el que se dedica a la Teología como trabajo, su descanso es el estudio. Difícilmente nos gusta salir de nuestro caparazón.