sábado, enero 15, 2011

Cosas del día

(La foto es de estas Navidades en Alcalá de Henares. Yo soy el del centro. Esto, no por sabido, conviene dejar de recordarlo.)

Vaya, observo que tengo un lector fijo del blog en Milán. Estoy intrigado por saber quién será.

Le dejé antes de Navidad un libro a un compañero del collegio. Le dejé dos cosas: le dejé el libro, y le dejé bien claro que era un préstamo. Ahora cuando se lo he pedido, pues que no lo encuentra. Primero se lo he tenido que pedir siete veces, siempre se le olvidaba. Y por fin ha llegado la respuesta: no lo encuentro.
¿Cuánto te ha costado? Veinte euros. ¡No! Ya ves. Pero si eres el autor. Tú crees que a nosotros nos regalan más de diez libros, éste me ha costado veinte euros.

En la comida he tenido una cordial y civilizada discusión teológica con un canonista. Lo que menos me gusta de una conversación de este tipo es decir algo y que el otro se vaya por los cerros de Úbeda. Es tan desagradable tener que decir una y otra vez al otro: No es ése el punto que estamos discutiendo. Sin embargo, esto es muy común. La mente humana es como si tuviera una cierta dificultad en centrarse, es como si necesitara divagar, irse por las ramas.

Por la noche iba yo por la calle y un señor mayor, de unos ochenta años, que venía de frente me ha visto con mi sotana. Este octogenario, al pasarme, por la espalda ha exclamado muy serio: Vaticano II.
Pobrecillo, no me he molestado en decirle nada. Es mejor que muera de viejo en esa santa inocencia.

En el supermercado le he pagado a la registradora con unos céntimos de euro del Estado Vaticano. Anda que no se ha puesto contenta. Desgraciadamente me he comprado galletas rellenas de crema de avellana (ésas que engordan tanto) y ya me las he comido todas.

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