domingo, enero 16, 2011

Faus y compañía

A algunos les fastidia las cosas que digo de Roma. Me imagino que Faus no está del todo de acuerdo con mis apreciaciones romanas. Arregui y Masiá no creo tampoco que avalen mis afirmaciones de amor a la Curia y la ciudad que la rodea. No, no creo.

Aunque yo les admiro a Faus y compañía. Porque se pasan toda una vida entera en la Iglesia como quien está en una mala cama, con un mal colchón y con una sábana que no les llega al cuello. ¡Pero no se levantan de la cama! ¡Allí siguen echados! Y eso es muy de elogiar.

Nos tratan de dar, eso sí, muy mala vida a los que dormimos en la misma litera: se mueven, rechinan los muelles, roncan, hablan en sueños, se levantan al váter cada dos por tres, gritan en medio de la oscuridad de la noche. Pero yo tranquilo durmiendo con mis angelitos, porque duermo como un tronco. Como un tronco bendito. Siempre me preguntan si no me molestan los ruidos de la calle, del tráfico y del pub que tengo bajo mi ventana. ¿Qué pub?, pregunto yo. En cuanto me echo a la cama es como si me desconectaran la corriente electríca, ya ni oigo ni veo, sólo duermo.

Pero mis vecinos de la litera no duermen plácidamente en su lecho eclesial. No sienten el arrullo de los angelitos dormilones, sino más bien tienen pesadillas curiales con monseñores que les persiguen. Lo cual me parece bien, pero ¡que no se levanten tanto al aseo!

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