martes, enero 25, 2011

Fortea, el Vaticano y la dentista polaca


La foto es de Jerusalén. Pero estoy en Roma. Hoy he ido al dentista, bueno a la dentista. Una dentista polaca que atiende cerca del Vaticano. A las 8:00 de la mañana Roma castigaba mi pobre cutis con un frío castellano. Hacía tiempo que no sentía dolor en las orejas. No me extraña, cuarenta minutos de caminata ha sido mucho para mis orejas.

Más triste ha sido al llegar, dar mi nombre, sentarme en la salita de espera, y descubrir que la agenda decía que mi visita era para el miércoles. El asunto no me ha cogido por sorpresa. Al principio la dentista me dijo que fuera el martes a la 1:00, yo le pedí si podía ser a otra hora, y me dio cita para el miércoles. Una semana después, la memoria me jugó una mala pasada. La traición de mi memoria ha sido descubierta hoy. Quizá unos pocos segundos antes de que viniera la enfermera diciendo: habiamo un problema. Así que con flema británica le he contestado: no pasa nada, me viene bien hacer ejercicio, volveré mañana.

Ya que estaba tan cerca del Vaticano, he entrado a la basílica. Allí me he encontrado con un pasionista gallego lector de mi blog. Me ha hecho ilusión saludarle. Me ha parecido muy buena persona, simpático, y un fraile de entregado. Ésa es la impresión que me ha dado en tan breve tiempo en el que hemos intercambiado unas palabras. También me ha alegrado, porque últimamente tenía la sensación de que este blog sólo lo leen franciscanos y jesuitas.

Eso te incluye, Masiá. Que ya sé que me lees con avidez y cariño. Gracias. No me extraña que no digas nada. Ahora al lado de ese tal José Luís Cortés, viñetista, casi me pareces un conservador recalcitrante. Madre mía, otro vendrá que bueno te hará. Al menos Masiá no dibujaba.

Si yo fuera el superior de Masiá, escondería todos los lápices. No sea que ahora a la vejez le dé por dibujar.

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