domingo, enero 30, 2011

J.A. Fortehans Cucurkung

Bien, creo que ya he dado bastantes bastonazos contra Kung. Últimamente he hecho bastante deporte contra Arregui (al que algunas veces he llamado Aguerri), contra Masiá (al que le he cogido verdadero cariño) y contra un par más de menos conocidos. Estas cosas me ayudan a entrar en calor. Sin esto, sería tan distinto el ejercicio de la Teología. Reconozco que le dan vidilla al cotarro.

A Masiá estoy deseando conocerlo. (La dichosa cena.) Quizá en mi imaginación lo he idealizado un poco y la realidad, más moderada, me defraudará. Pero él tiene que saber que mis post nada tienen que ver con la inquina, sino con una especie de juego a deux. Este pobre don Camilo, que soy yo, no espera menos de la inteligencia jesuítica.

Hablando de cosas aburridas, ayer me fui a ver Tron. Había leído varias críticas, todas magníficas. Todas equivocadas. Sentí en la butaca un tedio sólo comparable al que uno siente al leer ciertas obras de Hans. Sólo deseaba que acabara esa película por la que, por cierto, había pagado para verla.

Encima, y para colmo, me monté en el asiento de atrás para ir la cine. El coche de un cura español en Roma. Y cogí un mareo tremendo a la vuelta. Me puse malo de verdad. Con la calefacción al máximo, y con las curvas, vueltas y revueltas de las callecitas romanas, llegué a casa en un estado lamentable.

En un acto loable, mareado, sintiéndome muy mal, recé completas sentado en el lecho de mi habitación, y me metí sabiendo que la noche haría de mí un hombre nuevo. Y así ha sido. Me he levantado perfecto, en forma, optimista, con ganas de empezar un nuevo día (cosa que se ha notado en el desayuno) y con grandes deseos de santificar el Día del Señor. Para celebrarlo, me he ido a escuchar misa en Rito Antioqueno.


Una curiosa eucaristía en lengua aramea oficiada por un obispo iraquí nacido en Nínive. Después de la misa, otro sacerdote y yo hemos tomado un cafe con él. En realidad, el compañero sacerdote un café, y yo un bombón. En realidad, han sido dos.

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