sábado, enero 22, 2011

La felicidad de un matrimonio cualquiera, champán y el reloj a la espalda.

De nuevo otra foto. Lo que más me gusta de ésta, es la cara de felicidad de la esposa. El marido y la esposa deben tener expectativas de felicidades distintas, porque cada uno mira en una dirección. La sonrisa de la buena esposa sumisa es de las que convencen a primera vista.

Sobre el cine me gustaría añadir al post de ayer una cita de Alfred Hitchcock:

Ver un asesinato por televisión puede ayudarnos a descargar los propios sentimientos de odio. Si no tienen sentimientos de odio, podrán obtenerse en el intervalo publicitario.

Ah, qué grande es el cine. Volviendo al tema de ayer, Desayuno con diamantes es la colección de cursilerías más grande del mundo. Creo que se me quedó totalmente grabada en la memoria esta frase de uno de los diálogos:

Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro.

Lo del gato es genial. Es fantástico ver una película de este tipo con dos gamberros atiborrándose de pizza y haciendo broma de todo. Momentos maravillosos de la juventud. Ahora ya lo de la pizza es un sueño de juventud (hoy he perdido en un paseo de hora y media 300 gramos) y mis amigos ya no tienen el mismo humor, se han vuelto más circunspectos, más mesurados, algunos hasta tienen cargos. No les pega lo de la pizza y los ataques de risa. Ahora más bien les pega un salón de té, un brunch o algo así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario