sábado, enero 29, 2011

Las difíciles, pero caritativas, relaciones entre Hans B. Kung y Fortea C. Kung

Hoy le voy a dedicar otro post a Hans B. Kung. Mi estima por los doctorados honoris causa impúlsame a ello.

Quiero dejar bien claro desde el principio que siempre doy por supuesta la buena voluntad en los teólogos disidentes. No doy por supuesto la buena voluntad en el ladrón que roba en una pastelería o en el mafioso que exige una colaboración voluntaria al dueño de un restaurante chino. Pero en el teólogo, sí.
Siempre pienso que si estas personas no tuvieran fe, no creyeran de corazón en lo que dicen, se hubieran quedado en casa. Así que mi juicio es de fuero externo, aunque este tipo de términos tridentinos no sean del gusto de Hans.

Dicho lo cual, y con todo el respeto del mundo, yo le pregunto a Kung: Querido Hans, si de verdad crees en lo que dices, si has llegado a las conclusiones que nos has enseñado en tus libros, entonces, ¿por qué no te unes a una de las comunidades que ya están viviendo el Evangelio como dices que se debería vivir?

Es evidente que las premisas que él plantea y las conclusiones a las que llega, nos llevan, como si de una fórmula matemática se tratara, a ese resultado. Siempre elogié y elogiaré a los protestantes que prefirieron dejarse matar de los soldados de Carlos V, antes que renunciar a lo que su conciencia les dictaba que era el verdadero camino de seguimiento de Cristo. Pero nunca he entendido la postura de aquellos que manteniendo una teología enteramente incompatible con la fe católica, insisten en presentarse como lo que no son.
Sé del caso del joven profesor de Teología al que su obispo le dio un ultimatum. Con tal de mantener el puesto por el que el sacerdote había estudiado tanto y había trabajado tanto, hizo la profesión de fe que se le pidió. Años después, reconoció públicamente que su profesión de fe fue meramente externa, pero que él ya no creía en las cosas que le obligó el obispo a profesar.
Hans, Hans, viejo zorro que devastas la viña de Dios, lobo que muerdes a los pastores, católico anticatólico, bautizado seguidor de la propia fe, creyente que guías hacia el abismo, hereje hipnotizador de las ovejas, acróbata en el trampolín de la ortodoxia, acusador de los Sucesores de los Apóstoles, te felicito por tu doctorado honoris causa.

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