miércoles, enero 19, 2011

Un miércoles normal de un año cualquiera que es éste

La tesis está avanzando a toda velocidad. Hoy me ha despertado la alarma del reloj de un residente del pasillo. En realidad, nos ha despertado a todos los del pasillo. El dichoso residente se había marchado de la habitación y el reloj ha insistido durante media hora. Ha sido una media hora bastante larga.

Bueno, siguiendo la vieja tradición de este blog, pondremos hoy cuatro refranes de reyes:

De un colico de acelgas nunca murio rey ni reina.

El que nace para rey, del cielo le cae la corona.

Está creyendo la beata, que quien reza y peca empata.

Malos reyes, muchas leyes.

El tema de los pájaros que caen muertos me tiene muy preocupado, en serio. Es signo de algo, de algo no bueno. Yo soy la persona menos apocalíptica del mundo, pero esto no es normal. Estoy seguro de que ahora no viene el fin del mundo, pero algún desastre sí. Yo creo en algunos desastres sí que están provocados por nuestros pecados. Ya sé que no suena eso muy bien hoy en día. Pero, creedme, es muy bíblico.

Lo que sí que es un desastre es que la báscula hoy me ha susurrado dos palabras: 83 kilos. Ochenta y tres kilos justos, ni cien gramos más. O me pongo manos a la obra o estas vacaciones gastronómicas que me he dado, van a quedarse pegadas en mis costados.

Ah, el compañero olvidadizo del collegio ya me ha devuelto el libro que le presté y que perdió durante las navidades. Cuando me lo devolvió le dije con una gran sonrisa: no tenía la menor duda de que lo encontrarías. Después me he arrepentido, porque no tenía la menor duda de que jamás volvería a ver ese libro. Lo daba por desaparecido en combate.

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