viernes, enero 21, 2011

Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar. Que la Fuerza te acompañe. Siempre nos quedará París.

Mi ratito de después de la cena. Hace pocos días comencé a ver la película Bruno. No la acabé. Es una película sucia y vulgar. Hoy he acabado de ver El Luchador. Ésta película tampoco es que sea Emma o Sentido y Sensibilidad, aunque era mil veces mejor que la otra película que no quise continuar.

Hoy por la calle he escuchado la inconfudible melodía de Desayuno con diamantes. El primer minuto de la película, el minuto de los créditos, es muy bueno, promete una gran historia. Pero después la película está llena de cursiladas, algunas de ellas monumentales. Nunca he podido entender cómo esta película ha sido una película de culto para tanta gente. Lo mismo que Vacaciones de Roma otra película cuyo único valor es enseñarnos las calles de Roma cuando esta ciudad todavía no había sido invadida por las hordas de germánico-galo-usaniano-niponas de turistas. Ver a Roma cuando era una ciudad normal supone todo un espectáculo. La historia de Hepurn y Mitchun es un rollo completamente previsible.

En los últimos meses he visto poco cine. Títulos completamente prescindibles cuyos nombres os ahorro. Al final, he decidido mirar una página con las mejores películas de cada año según los críticos, e ir viendo esas películas y sólo y exclusivamente ésas. No me importa el género, ni el trailer, ni quién actua o quien la dirije. Hago click en el título y la veo. Porque sí, ya me he acostumbrado a verlas por Internet. Método barato (gratis) y cómodo (sólo tengo que hacer click).

De todas maneras, yo sigo con mi criterio de hace veinte años: si una película no me gusta en cinco minutos, jamás le concedo la indulgencia del sexto minuto.

Hablando de actuar, os preguntaréis por qué he puesto la foto de arriba. Fijaos la fogosidad que pone la mujer besada. Eso sí que es pasión y lo demás son tonterías.

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