jueves, febrero 10, 2011

El Vaticano tenebroso

Este año reconozco que siempre me da más pereza darme un paseo hasta el Vaticano tras la cena. Pero para mí es tan bonito acercarme hasta la Plaza de San Pedro y rezar unos instantes. Es bonito y da pereza, las dos cosas, a la vez.

Lo que sería fantástico sería poder entrar por la noche en la Basílica. Deambular por sus naves oscuras y desiertas debe ser un placer que no se puede describir con palabras. Los miembros de la seguridad del Vaticano me imagino que lo podrán hacer.Formidable privilegio el del Papa, el poder decir: voy a bajar un rato a pasear por la Basílica antes de acostarme.

Muchas veces me he imaginado cómo debe ser ese templo sin gente, en silencio, lleno de oscuridad. Realmente, será otro templo. Algo completamente distinto, y bastante tenebroso e inquietante.

Las iglesias, incluso las pequeñas, por la noche una vez cerradas se transmutan en algo bastante siniestro. Debe ser por la sensación de estar en un gran espacio lleno de oscuridad, lleno de recovecos. Debe haber algo instintivo en el ser humano que nos mueve a evitar ese tipo de situaciones.

El Baldaquino de San Pedro en medio de la oscuridad, buf, tremendo. Las criptas, sus capillas, sus largos pasillos, todo sin un alma, vacío, sin luz. Madre mía. Un lugar perfecto para una pesadilla. Es que lo pienso ahora y me dan ganas de meterme en la cama. Pero de meterme con la sábana hasta la calva.

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