sábado, febrero 05, 2011

Ése es otro tema, pero está en la raíz de esas cuestiones teológicas.

Día luminoso en Roma. A la sombra el tiempo todavía está algo inconfortable, por el frío que trae la humedad del Tíber. Pero al sol es una delicia pasear por una plaza no muy concurrida rezando el breviario.

Hoy cumplía 34 años un sacerdote ucraniano, un clérigo bueno y espiritual. Nos ha traído unos pastelitos para el postre. Pastelitos apreciados por los africanos que compartían mesa conmigo en el collegio. Pero el italiano sentado a mi derecha en la misma mesa, no sólo los ha apreciado, sino que incluso ha saqueado la bandeja. No de una sola vez, pero sí a través de varíos ataques sucesivos.

No me extraña. Hoy hemos tenido conejo para comer, en italiano cuniglio. Y el conejo a nadie le entusiasma. El hombre se debía haber quedado con algo de hambre y se ha desquitado en el postre.

Hoy es Santa Ágata, así que me iré a la Iglesia de Santa Ágata a concelebrar por la tarde. Un paseo corto de menos de media hora.

Hoy ya nadie en el comedor ni se acordaba del comunicado de esos teólogos alemanes. En el collegio hay presbíteros de todas las tendencias eclesiales. Pero hoy día, en el siglo XXI, el principio de autoridad está bastante claro dentro de la Iglesia. San Pablo lo dijo bien claro a los creyentes en Corinto: Os alabo porque en todas las cosas conservais las tradiciones tal como os las he transmitido.

La administración de las cosas sagradas, el depósito de la Fe, el pastoreo de las iglesias que ha vivificado el Espíritu Santo, no ha sido dejado en manos de unos cuantos teólogos alemanes disidentes, sino de los Sucesores de los Apóstoles. El número de esos rebeldes puede parecer grande, pero es el número de los comemos en casa multiplicado por tres. Vamos, como para echarnos a temblar. El número de los estudiantes sólo presentes en Roma supondría multiplicar varias veces por cien los presentes en ese comedor del dichoso conejo. Aunque os puedo asegurar que un profesor de Teología en cualquier universidad de Alemania no come precisamente conejo. Pero ése es otro tema.

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