martes, febrero 08, 2011

Los conejos

Sé que no tienen mucho que ver con el tema, pero no me digais que estos conejos no son una cucada. Me encantan. Yo con los teólogos alemanes puedo ser muy duro, pero con los conejos soy muy buena persona.

Bien, cambiando de asunto, al releer el post de ayer, antes de publicarlo en este blog, me di cuenta de una cosa muy graciosa y que ahora voy a explicar. Estaba ayer hablando de que la obligación del celibato es una ley eclesiástica, no un dogma, y que puede ser cambiada. Entonces la frase siguiente a ese razonamiento decía con gran entusiasmo y vehemencia: Si algún día los cánones son cambiados, yo seré el primero en obedecer.

Al releer la frase me percaté de que tenía un doble significado. El primer sentido (que era con el que lo escribí) lo que viene a decir es que yo estaré con la Iglesia diga lo que diga ésta.
Pero existe un segundo sentido (que no se me ocurrió al escribir la frase) que vendría a decir que el día que se cambie la ley voy a ser el primero en entrar por la puerta jurídica que se abra.

Así, que tras percatarme del sentido pío y del sentido pícaro de la misma frase con las mismas palabras, opté por cambiar la redacción. Ya no diría por tanto: Si algún día los cánones son cambiados, yo seré el primero en obedecer. Sino que diría: Si algún día los cánones son cambiados, yo obedeceré como todo el mundo.

Comprendí que con determinados cánones mejor que decir seré el primero en obedecer, es preferible decir obedeceré como todo el mundo. En algunos temas, un exceso de celo en la obediencia podría ser malinterpretado.

Tendría gracia la cosa, estar en la hoguera viendo como ponen el fuego en la leña y preguntar: ¿por qué se me condena? Y que el verdugo sin ni siquiera mirarte, detrás de su capucha, te contestara: exceso de celo en la obediencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada